Abby entró en la casa con Leana profundamente dormida en sus brazos, sintiendo el calor de su pequeña contra su pecho, cada paso que daba resonaba en el silencio del hogar, pero lo único que sentía era el peso del remordimiento oprimiendo su corazón. Había ido a enfrentar a Vincent sin decirle nada a Bastián, cuando habían quedado en que irían juntos a enfrentarlo, y rompiendo su propia petición de ser un equipo, de enfrentar todo juntos. ¿Con qué cara iba a explicárselo ahora? Cuando empujó la puerta de entrada con su hombro, lo primero que vio fue a un preocupado Bastián hablando por teléfono, la angustia parecía haberse congelado en su rostro. — Sí, Sarah... —decía Bastián con un tono de voz bajo y tenso. —No, todavía no han llegado. La

