ALESSIA
Casi he perdido la cuenta de la cantidad de minutos que paso en el baño, siento que voy a desgastarme debajo del agua y ya las yemas de mis dedos están tomando una textura arrugada. He cepillado mis dientes un par de veces que ya la menta me quema y estoy malditamente aburrida aquí adentro.
Sé que es estúpido lo que estoy haciendo, pero después de la discusión de anoche con Cristianno, no sé si estoy preparada para verle y no saber cómo tenemos que tratarnos, o si debemos hablarnos, e incluso vernos. Saber que él me escucha tener pesadillas con Bruno... Con mi pasado, me aterra, me asfixia, porque no quiero que comience hacer preguntas acerca de eso y no saber que responderle. No estoy preparada para confesarle quien fui en aquel entonces, y no sé si algún día lo este. El solo pensar en el rechazo de Cristianno me hace sentir inestable y confundida.
Todavía puedo sentir sus pasos de un lado a otro por la estancia del apartamento, hasta que finalmente escucho la puerta principal abrirse y después de unos escasos segundos se cierra.
Dejo entrar una ráfaga de aire a mis pulmones y cierro el grifo, envolviéndome en una tolla y salgo del baño.
— ¿Estas evitándome?
Todo dentro de mí deja de funcionar por un mínimo segundo al escuchar su voz. Está de pie junto a la puerta con un bolso n***o deportivo a sus costados. Sus ojos se clavan sobre los míos, pero puedo verlos como viajan por mi cuerpo lentamente, y aun sabiendo que tengo una toalla encima no puedo evitar sentir como la sangre se me acumula en las mejillas por la manera tan cínica en la que me está viendo... Como si quiera arrancarme la toalla con los ojos.
Pero no me importa. Juego con mis dedos temblorosos a ambos lados de mi cuerpo y mi boca se abre para decir algo, pero al suponer lo patética que me veo con la boca abierta y que ni una palabra coherente salga de ella, la cierro por instinto.
—Eso pensé. —Dice finalmente después de unos segundos de silencio.
Asiente con el ceño fruncido y aferra su fuerza al bolso que tiene con él y gira sobre sus pies para abrir la puerta.
—Lo siento. —Me atrevo hablar, aunque siento la garganta seca y mi voz sale rasposa.
Su cuerpo de detiene de espaldas a mí pero no gira.
Puedo escuchar como suspira profundamente
—S-siento haberme c-comportado anche de esa manera. —Quiero hundir mi cabeza dentro de la tierra, por tartamudear de esta forma—. Pero tú no lo entiendes, jamás lo entenderías, no tienes idea de quién soy, no tienes la más mínima idea de eso. Y después te veo con sangre y..y... —Las palabras se rompen en mi garganta antes de salir.
Puedo ver como su cuerpo se tensa en su espalda.
—Tú no eres la única que huye de un pasado Alessia Bianchi. —Confiesa mirándome por encima de su hombro—. Este es el lugar donde voy a pelear, puedes ir o puedes plantarme. —Deja un papel sobre el televisor y se marcha, cerrando la puerta detrás de él.
Sus palabras queman mis entrañas y me hace sentir herida, y no entiendo cómo es que puedo sentirme así por lo que él me diga. Es como si le hubiese dado el derecho de hacerme sentir de esta manera.
Es como si le hubiese dado el derecho para... Destruirme
Una parte de mi quiere llorar pero la otra se lo prohíbe, le prohíbe llorar como una maldita chica débil, vine a Roma para no serlo, vine a Roma con una nueva identidad, y no puedo seguir dejando que todo me afecte de esa manera.
Cojo el papel entre mis dedos y la dirección y la hora están escritas a lapicero y corrida, escribe como médico. Junto a él, un papel azul brilla con el nombre de anima y el de Cristianno.
Observo el reloj de pared y todavía tengo dos horas para arreglarme e ir a buscar a Marzia para que me de apoyo moral en ese lugar.
...
Marzia conduce por las calles de roma y no para de hablar. Sé que está diciendo una cantidad de palabras, pero no puedo comprender nada de lo que dice porque mi mente esta en otro lugar.
Cristianno.
Me siento nerviosa, no puedo quedarme quieta, ni dejar de hacer cualquier cosa con mis manos, e incluso acariciar el cabello de Marzia mientras conduce.
—Hemos llegado. —Dice estacionándose en un lugar atestado de gente y siento que el corazón se me va a salir por la garganta.
Asiento y bajo del auto tan rápido como puedo por falta de aire para mis pulmones.
— ¿Estas segura de que quieres estar aquí? No parece ser muy tu lugar. —Marzia me mira confundida y enrolla su brazo en el mío.
Asiento difícilmente y comenzamos hacernos paso entre la gente y los autos que llenan el lugar, es como si alguien fuese a dar un concierto.
Anima brilla en la altitud de un local, el cual esta atestado de gente y recuerdo la tarjeta azul que me dio Cristianno y la saco del bolsillo trasero de mis pantalones.
— ¿De dónde sacaste eso? —Marzia arrebata la tarjeta de mis manos y sus ojos se ensanchan.
—Me la dio Cristianno. ¿Qué es? —Pregunto, por el asombro en su expresión.
—Con esto podemos entrar por el área vip del club Ale, ni siquiera tenemos que hacer fila para entrar.
—Oh... —Es lo único que alcanzo a decir cuando Marzia me jala por el brazo.
—Esto será muy emocionante. —Su voz es chillona, y casi da pequeños saltitos en la calle.
Mientras más nos acercamos al lugar, más nerviosa me siento, mas patética. Entramos por una puerta en la cual solo un par de personas tenían derecho y luego subimos por un elevador. Al llegar al lugar la música electrónica es el fuerte para todos. La gente baila, enloquece y toma como si no hubiese un mañana.
Marzia conoce cada rincón del lugar por lo que me siento segura a su lado en medio de tanta gente. Un hombre alto, vestido de n***o el cual parece ser de seguridad nos pide la tarjeta y frunce el ceño.
— ¿De dónde saco esto? —Pregunta el hombre y me siento pequeña por la mirada que me ofrece.
—Cristianno Gucci se la ha dado. ¿Nos puedes por favor dejar pasar? —Interviene Marzia por mí, con repelencia al hombre gigante.
Su expresión no luce muy satisfecha, pero finalmente nos deja entrar.
— ¿Qué fue eso? —Pregunto aferrándome al brazo de Marzia.
—Cristianno nunca ha invitado a nadie a una pelea.
— ¿Qué tan frecuente son sus peleas? —Pregunto, por encima del ruido.
—Por temporadas, son peleas clandestinas. No puede exponerse todo el tiempo.
Cuando finalmente entramos al lugar me quedo sin aliento, la estancia está completamente atestado de gente ruidosa, y la música ya no logra escucharse.
—Está a punto de comenzar, no te separes de mí.
— ¡BUENAS NOCHES ANIMA! —Grita un hombre n***o completamente tatuaje por un micrófono—. ¿ESTAN LISTOS PARA VER A LOS MEJORES?
La gente grita eufórica como si sus vidas dependieran de ellos.
—CRISTIANNO, CRISTIANNO, CRISTIANNO. —Las voces femeninas inundan el lugar, y es evidente quien tiene el control del público.
Escuchar su nombre, hace que mi corazón lata inhumanamente junto a mis costillas.
—ESO ES SEÑORITAS, CLAMEN AL MEJOR, AL GRANDE, AL REY DE ANIMA. —Grita el hombre con gran entusiasmo a todo pulmón—. CRISTIANNO GUCCI.
El público ruge y grita eufórico de pie, gritando el nombre de Cristianno hasta jadea por aire, hasta que sus pulmones de pueden más.
— ¡AHÍ VIENE! —Grita una voz chillona junto a la pata de mi oreja y casi podría jurara que se le iban a caer las bragas.
Sujeto el brazo de Marzia con fuerza y ella me sonríe abiertamente. Pero aun así no puedo evitar sentirme nerviosa, eufórica, e incluso entusiasmada.
Entonces es cuando logro verlo y mi corazón mi pide a gritos que lo deje salir.
Camina con tanta seguridad y una sonrisa pintada en su rostro seguro de sí mismo, seguro de cada paso que da. Llevo los mismos pantalones a la cadera cuando salió del edificio pero su pecho está desnudo y puedo tener una mejor de vista de los tatuajes que le adornan la piel. Su cuerpo está definitivamente bien marcado y sus puños están apretados en unas vendas alrededor de ellos.
— ¿Estas nerviosa? —La voz de Marzia me saca del paraíso.
—Casi podría vomitar ahora mismo.
Una risa la asalta y no puedo evitar acompañarla.
—CRISTIANNO, CRISTIANNO, CRISTIANNO. —La gente ruge y el levanta sus puños al aire por encima de su cabeza con una sonrisa perversa.
—PERO NO OLVIDEMOS CON QUIEN SE ENFRENTARA ESTA NOCHE SEÑORES. —La voz del tipo vuelve a causar euforia entre la gente—. DESDE VENECIA, ALEX BASIL.
—ALEX, ALEX, ALEX. —Otro grupo de gente grita, pero no se compara con la misma euforia que aclaman a Cristianno.
—DESPUES DE DOS AÑOS, POR PRIMERA VEZ, LOS DOS MEJORES DEL CIRCULO SE ENFRENTARAN ESTA NOCHE. ¡HAGAN SUS APUESTAS!
La gente aclama, grita, ruge y toman sin control en el lugar, yo vuelvo mí vista hacia Cristianno y descarga eléctrica de emociones me invaden cuando sus ojos están posados sobre mí.
No está viendo a nadie más, me está mirando a mí y me guiña un ojo.
Maldita sea, me guiño un ojo y me siento ridículamente emocionada.
— ¡Te guiño un ojo Ale! —Marzia chica contra mí oído con entusiasmo—. Cristianno te acaba de guiñar.
Y cuando creí que no podría sentirme más emocionada lo veo bajar del lugar sin dejar de verme, las personas comentan confusas entre si cualquier cosa acerca de él, pero no le importa.
Se está acercando a mí y puedo sentir que mis mejillas están ardiendo.
— ¿Qué estás haciendo? —Grito por encima del ruido cuando lo tengo lo suficientemente cerca.
—Viniste. —Dice cuando finalmente de detiene frente a mí.
Y por si no tuviera el corazón lo suficientemente acelerado me sonríe, con los hoyuelos marcados en ambas mejillas que me llevan al borde del abismo, tiene el cabello mojado por el sudor y su respiración es casi agitada.
—Por supuesto que vine. No te iba a plantar.
—Cuida de ella mientras yo esté allí arriba. —Le pide a Marzia y ella asiente rápidamente y se acerca a mi oído—. Cuando termine la pelea, vengo por ti.
Me guiña un ojo y se va trotando.
—Santo cielos Alessia. ¿Qué fue todo eso? —Marzia me da un suave golpe con el codo y me mira con picardía.
—No es lo que piensas.
—Oh, vaya que si es lo que estoy pensando.
La chica que tengo a mi otro lado me mira de reojo con el ceño fruncido, como si no acabara de creer que Cristianno Gucci haya venido hasta mí. Por un momento me siento victoriosa porque de todas las chicas a las cuales él pudo haber ido vino hacia mí, pero otra parte de mi me reprime por sentirme de esta manera, cuando sé que Cristianno no está interesado emocionalmente en mí, el me lo aclaro el otro día.
La pelea comienza segundos después que el hombre del micrófono suelta el sonido de una bocina, y la sonrisa que adornaba mi rostro desaparece al ver como el otro tipo, Alex atesta un golpe hacia Cristianno que por suerte el logro esquivar.
A medida que la pelea avanza, el público permanece eufórico y feliz, pero aunque este segura de que Cristianno va a acabar con él, no puedo evitar sentirme enferma por si llega a salir lastimado, por si lo llegan a golpear. El nudo en mi garganta baja hasta a mi estómago y no era consciente de que todo mi miedo se reflejaba en mi expresión que siento la mano de Marzia apretándose junto a la mía dándome apoyo.
—Deberías estar tranquila, no hay pelea que Cristianno no gane. —Me alienta pero aun así, los nervios me superan—. Pero tienes que ir con cuidado con él.
Su pregunta cae como un balde de agua fría sobre mis hombros y de pronto dejo de mirar la pelea para concentrarme en ella.
— ¿A qué te refieres? —Pregunto casi sin querer escuchar la respuesta.
—Cristianno es muy agresivo, muy impulsivo, dicen que antes de llegar a Roma él estuvo en la cárcel, pero no se mucho acerca de eso.
Mi corazón se comprime junto a mis costillas y el nudo en mi garganta se instala nuevamente, quiero decir algo pero las palabras se quiebran antes de salir. Presiono mis puños y trago saliva asimilando la palabra cárcel dentro de mi mente.
No puedo imaginar a Cristianno en la cárcel, sé que es impulsivo, sé que es oscuro, e incluso sé que es malo para mí. Pero no puedo imaginar a Cristianno en la cárcel. ¿Por qué motivo? ¿Por qué razón el estaría en la cárcel?
De pronto las palabras de esta mañana vienen a mi mente. Tú no eres la única con un pasado. Y caigo en cuenta de que en ese momento su voz era inestable aunque quería hacerla ver natural. El viene arrastrando con un pasado, pero no me veo capaz de juzgarlo por ello.
Aunque me siento confundida y abrumada.
—TENEMOS UN NUEVO CAMPEÓN ESTA NOCHE SEÑORES, CRISTIANNO GUCCI SIGUE SIENDO EL REY DE ÁNIMA. —La voz eufórica y tormentosa del presentador me saca de la bruma de mis pensamientos.