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2252 Palabras

CRISTIANNO Tengo los brazos cruzados sobre mi pecho mientras la veo vagar por la pequeña estancia de la cocina, su cabello está envuelto en una cola de caballo en el centro de su cabeza y usa un conjunto de pijama blanco perfectamente a su talla. Ella ni siquiera nota mi presencia cuando debate en cocinar huevos, tocinos o ambos al mismo tiempo. Una risa involuntaria escapa de mis labios y gruño una maldición baja cuando su cuerpo se sobre salta dando un traspié, lo que provoca que un vaso de vidrio en la encimera estalle contra el piso. —No te había visto. —Dice, un poco confusa y se coloca de cuclillas para recoger los trozos de vidrio. —No quería asustarte —Admito—. Yo me encargo. —Yo puedo hacerlo. —Añade. —Déjalo Ale, yo me encargo. Envuelvo mis manos alrededor de sus brazos y

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