60 Cada célula de mi cuerpo se congela. Siento agujas de hielo atravesándome la piel. Al menos, así se siente. Cuando el agua envuelve mi cabeza es aún peor, como si mi cabeza hubiera sido el último bastión de calor en mi cuerpo. Quiero gritar, pero mis pulmones están tan congelados y contraídos que gritar me resulta imposible. Una turbulencia oscura me rodea mientras me hundo. Pierdo la noción del cuerpo y la dirección. Finalmente dejo de hundirme, pero no tengo la menor idea de dónde quedó la superficie. Mi cuerpo se retuerce mientras el cronómetro del aire en mis pulmones sigue avanzando. Jamás hubiera pensado que era posible no distinguir entre arriba y abajo, pero sin gravedad y sin luz no puedo hacerlo. Me aterra elegir una dirección. Unas burbujas pasan rozando mi mejilla y pi

