35 Faros gigantescos alumbran los edificios de la prisión y la pasarela sobre la que caminamos penosamente para bajar a la isla. Hacia donde mire, me encuentro con muros de roca y concreto. Pintura vieja y manchas de óxido gotean por las paredes del edificio más cercano. Cuatro escorpiones trabajan cerca de un contenedor metálico que tiene una puerta de malla llena de candados, como el que dejamos en tierra firme. Los escorpiones agarran entrañas sangrantes y otros pedazos de carne de grandes cubetas y los lanzan al piso de concreto. La inmundicia cae pocos centímetros fuera del alcance de los humanos que están atrapados en el contenedor. El hedor es insoportable. Estas personas han estado encerradas en esa jaula metálica por más tiempo del que me gustaría saber. Lo puedo adivinar no s

