Tras dejar a Amanda en su cita, me fui a la discoteca de Tom.
Ya había cola cuando llegué, pero yo no la tenía que hacer, el portero ya me conocía y obviamente no quería perder su trabajo, enfadando a la mejor amiga del jefe y la que seguramente sería capaz de hacer que le dieran lo que deseaba o quitárselo.
— Buenos noches señorita—le saludo nada más verme y antes de dejarme entrar,
Entre a la discoteca e intente buscar a Tom pero era imposible, estaba lleno, y no cabía ni un alma más.
Camine por las esquinas, la zona que más libres estaban.
Tom no estaba por ningún lado pero en su lugar, encontré al chico misterioso de Amanda, en la esquina alado del escenario.
—Esto es mejor de lo que esperaba—susurré feliz.
Sin dudarlo, me acerque al chico para darme cuenta que no estaba solo, estaba con un chico de ojos negros y pelo n***o, bastante intensos.
—Será un gran partido—comento el chico de pelo n***o.
Me acerque a ellos y me puse delante del chico de Amanda.
Le mire.
No era para nada lo que esperaba, era un chico de ojos grises y lleno de tatuajes, era totalmente diferente a lo que me esperaba que le gustará a Amanda.
—¿Quién eres?—me pregunto el chico delante mía.
—¿Por que no te piras niñata?—me dijo él chico de ojos negros.
Me gire para mirarle.
—Cállate, imbécil—le dije.
Me miro impresionado porque le hablará mal, pero me importaba poco.
Me volvía a girar para mirar al chico.
—Max, dile que se pire—le dijo el imbécil al chico.
—Espera—dijo el chico de Amanda, que ahora sabía que se llamaba Max—Tengo curiosidad de ver que quiere—dijo.
Le mire.
Sonaba como un idiota.
—Amanda—le dije y él me miro.
—¿Quien?—me pregunto.
¿No la recordaba? Tenía que estar de broma, era imposible no recordar a mi amiga, impresionaba a todo el mundo que la veía.
—La chica con la que hablaste aquí el otro día—le dije y él me miro.
—Hablo con muchas chicas—comento y la mire.
—Un idiota, me esperaba todo menos que fueras un idiota—comente.
Él me miro.
—Ya ves que no la recuerda—me dijo el otro chico.
Suspiré molesta.
Sin dudarlo me gire y mire al chico.
—¿Qué problema tienes?—le pregunte molesta.
—Has interrumpido una conversación privada—me dijo.
—Me importa una mierda—le dije.
—Eres una mal hablada—comento.
—Ya me voy—le dije tranquila—No he encontrado lo que buscaba, me he equivocado—les dije y me gire para caminar lejos de ellos.
Solo di unos pasos cunado me agarraron del brazo.
Me gire tranquila para ver los ojos grises del chico de Amanda.
—Si suponemos, que la recuerdo—dijo y le mire.
—¿Si?—le pregunte tranquila.
—¿Va venir?—me pregunto sin dudarlo.
Le mire impresionada.
Al final no era lo que yo esperaba, sino que se hacía el chico malo cuando simplemente era un chico con inseguridades.
—No—le dije y él me miro.
Soltó mi mano.
—Entonces no se para que me hablas—dijo como si nada.
Le mire sorprendida.
—Esta en una cita—le conté y él me miro.
Su amigo río.
—No solo te evita, sino que te cambia por otro—dijo su amigo.
Le mire impresionada.
—La viste en el centro comercial—dije.
Él me miro impresionado.
—Es difícil no verla—me dijo tranquilo, manteniendo la cara y la seriedad.
¡Oh! Le gusta, esto es emocionante, Amanda estaba creciendo tan deprisa.
—Es una cita que lo hace obligada por su abuela—le conté.
Me miro.
—¿Por que me lo cuentas?—me pregunto.
—Max, no vayas a meterte en líos por una chica—le dijo su amigo.
—Cállate—dijo Max.
Le mire tranquila.
—Ve por ella, sácala—comente.
Negó.
—¿Y por que haría eso?—me pregunto y le mire.
—Porque te gusta—le dije.
—Me atrae que es diferente—aclaro y le mire.
—¿Qué importa?—le pregunte—Es lo mismo—comente y él me miro.
—¿Dónde esta?—me pregunto.
Sonreí.
—En el restaurante italiano del centro—le dije.
Él cogió su chaqueta y se la puso.
—No puedes irte—le dijo su amigo.
Max, miro a su amigo, tranquilo.
—Volveré a tiempo, tranquilo—le dijo antes de irse.
El amigo, me agarro del brazo molesto.
—Como no llegué—me aviso.
—No es problema mío—le dije y me solté—Hakuna Matata, vive y deja vivir—le dije.
Él me miro molesto y se fue entre la multitud.
Menudo idiota.
Me poye en la pared para respirar.
—No me imagine que una chica como tú, estuviera en un sitio como este—comento una voz detrás de mi.
Me gire tranquilamente para encontrarme a Peter Wilson.
Pero no vestía como en el curso, no iba con un traje, sino con unos vaqueros y una camiseta ajustada.
—¿Tú que haces aquí?—le pregunte sorprendida.
—Mi hermano me ha recomendado este lugar—me comento.
Él me miro, y analizo mi ropa.
—Es bonito—me dijo y le mire.
—¿El que?—le pregunte.
—El vestido—me dijo tranquilo.
Mire el vestido.
Era un vestido corto de color verde, era de seda y bastante suave.
—Ya—dije.
Él me miro.
—¿De que diseñador es?—me pregunto y le mire sorprendida—Conozco casi todas las líneas de ropa y ese no se parece a nada que he visto—me dijo.
Reí.
—Es diseño mío—comente.
Él se acerco a mi y agarro un poco del vestido para ver las costuras.
—Parece hecho a mano—comento.
—Lo es—le respondí.
Él me miro.
—¿Qué costurera lo ha hecho?—me pregunto.
Le mire.
—Yo—le dije.
Él me miro sorprendido.
—¿Diseñas y coses?—me pregunto sorprendido.
—Mi abuela siempre me recordaba que el mejor trabajo es el que lo haces todo tú—le conté.
Mi abuela, era una mujer con bastante carácter, que amaba la moda y siempre me dejo claro que si quería que las cosas se hicieran bien, debía hacerlo yo misma, por lo que desde pequeña aprendí a diseñar y coser, me enseño todas las técnicas posibles de costura, desde hacerlo a mano como a maquina, y no hablemos de bordados.
—Una mujer con determinación—comento.
—Demasiado—susurré.
Por mucho que mi abuela me enseñara el gran mundo de la moda, en todo lo demás era la mujer más fría y estirada del mundo.
—Me encantaría conocerla—me dijo.
Le mire.
No voy a negar que me puse nerviosa, no sabía que hacer o como salir de esta, si conocía a mi abuela, estaba totalmente fastidiada porque el plan se iría a la mierda.
—Esta muerda—dije.
Fue lo único que se me ocurrió.
Él me miro sorprendido y bastante avergonzado.
—Lo siento—me dijo y le mire.
—Fue hace tiempo—le dije.
Ya no iba poder salir de esta, tenía que controlar mis mentiras para no liarla.
—¿Tienes más familia?—me pregunto.
Le mire.
No podía tener familia, si decía tenerla iba tener que presentarla y eso sería complicado, demasiado para mi misión, para mi mentira.
—No—dije, él me miro—Estoy sola, con mis amigas—le dije y él me miro.
Amanda y Bianca, podían ser parte de mi mentira, pero para ello lo tendrían que saber y no tenía problemas en ello, si ellas lo sabían me ayudarían con todo, y harían esto más soportable.
—Bueno—me dijo y le mire—Espero yo poder ser otro de tus amigos—comento.
Le miré.
—Eres mi profesor—le dije y él río.
—¿Y no puedo ser también tu amigo?—me pregunto.
Le miré.
—Pues como tu amiga, debo decirte que esa camiseta te queda horriblemente mal—le dije y él me miro sorprendido.
Analizo mi cara para ver si estaba bromeando, pero estaba seria por lo que estaba claro que no estaba bromeando.
—¿También eres estilista?—me pregunto y le mire.
—Si—le dije tranquila.
—Bailemos—me dijo y le mire.
Me ofreció su mano y le mire.
—Eres raro—le dije y él río.
—Te encanto—me dijo.
Me reí.
—Sigue soñando—dije.
Pero aún así, agarre su mano para ir a bailar con él.