Narra Karen Miré el puerto el jueves cerca del anochecer, pensando que me había gustado más antes, cuando tenía puestas mis gafas de color de rosa y creía que alguien como yo podía acabar con alguien como James Stone. Había habido unos días agradables en los que me convencí de que él se preocupaba por mí tanto como yo por él.Una gaviota aterrizó en la cuerda a mi lado y graznó. Mi padre siempre decía que eran pájaros sucios que comían basura y propagaban enfermedades, y a menudo se refería a ellos como ratas del aire. Por suerte para este tipo, yo pensaba que las gaviotas no eran tan malas. —No tengo comida para ti —dije—. Pero tengo un buen consejo si estás interesada...–el pájaro se atrevió a acercarse un paso más y dio otro graznido—.Nunca te enamores—había evitado añadir el amor cua

