POV DAMIÁN Llegué a la villa con el sabor amargo de Sonia todavía impregnado en mis sentidos. Me sentía sucio, como si hubiera caminado por un pantano de mentiras del que no podía salir. Sin embargo, al cruzar el umbral y ver a Amelie sentada en el sofá, con la luz de la lámpara bañando su perfil y sus manos descansando sobre Alexander, sentí que el aire volvía a mis pulmones. —Lo hice —solté, dejándome caer en el sillón frente a ella, deshaciéndome del nudo de la corbata que me asfixiaba—. Me encontré con ella. Amelie me miró con una ceja alzada, una expresión que mezclaba la curiosidad con una chispa de algo que no logré identificar de inmediato. —¿Y bien? ¿Cómo está mi "otra mitad"? —preguntó con un tono que pretendía ser ligero, pero que tenía un filo de acero. —Igual de peli

