Rocco.
Una semana había pasado desde que vimos a nuestra reina, Ezzio tenía razón, ella es perfecta, aunque lo que dijo Salvatore nos tiene un poco preocupados, ella aun carga esa pulsera con la inscripción Eliot y Tina por siempre, no nos gusta, claro que no, ella debe ser nuestra, si ese idiota la abandono no la merece, mucho menos que ella lo espere.
— Y me lleva el mismo diablo. — la voz molesta de Lupo me hace verlo, pero él solo está viendo a la acera de en frente, es entonces cuando veo a nuestra reina y mierda, mi pene se levanta como muerto resucitado por obra y gracia de Dios.
— Es caliente. — digo al tiempo que una sonrisa se expande por mi rostro y mi hermano mayor golpea mi cabeza.
— Presta atención idiota, si nosotros la vemos, todos la pueden ver. — Leonzio tiene razón, aunque hemos despejado esta calle y ordenamos limpiarla, solo es suerte que no le quisieron hacer nada, menos mal que a Ezzio se le ocurrió la idea de darle un poco de glamur a este vecindario, de esa forma podemos atraer a personas de mejor condición económica, pero definitivamente no estaba en nuestros planes que nuestra reina viniera por aquí, menos dejando tanta piel a la vista.
— Ezzio. — la voz cargada de advertencia de Ángelo me molesta, se supone que debemos enamorarla, Ezzio al menos la a besado. — Haz que se largue de aquí, puede ser una trampa. — Ezzio lo ve raro, pero asiente.
Observo al suertudo de mi primo, aunque se nota que esta furioso, está más cerca de ella que nosotros, pero cuando la lleva hacia el callejón no soy el único en molestarse, cruzamos justo para ver como Tina le rompe los huevos a Ezzio, rio con ganas y ella nos ve como si fuéramos nada, caliente muy caliente, tanto que mi pantalón molesta.
— ¿Adónde crees que vas niña? — Lupo quiere detenerla y es cuando el bendito brazalete cae, y ella solo se queda clavada al piso, viéndolo, como si nada más existiera, como si toda su vida girara en torno a ese maldito brazalete y solo cuando veo sus lágrimas es que lo tomo, esta maldita cosa la lastima, no debe tenerlo.
— ¡Dámela! — la veo de forma retadora al tiempo que guardo el brazalete en mi bolsillo delantero. — Estas muerto. — sus ojos se oscurecen, su rostro se contrae con odio, y está a punto de intentar atacarme cuando Ezzio la toma desde atrás, levantando sin querer un poco su blusa… bendito Jesús, mi boca se hace agua, y mi lengua pica con la necesidad de probar tan gloriosos pechos.
— Tranquila Tina. — nuestra reina definitivamente reacciona a la voz de Ezzio, eso es bueno… creo.
— Chicco, suéltame o te meterás en un lio muy grande y… no me gustaría verte en él. — maldición, ¿acaso está generando favoritismo por mi primo? no me gusta, no me gusta nada.
— No Tina, no dejare…
— ¡Que me de mi maldito brazalete! — aun con mi mano en el bolsillo aprovecho a apretar la maldita joya, me gustaría destrozarla con mis propias manos.
— Rocco, dáselo.
— ¿Y si no quiero? — le sonrió, pero solo para ocultar el malestar que me genera que se preocupe solo por Ezzio.
— Chicco, en verdad, suéltame y corre, mi hermano está llegando y nada bueno resultara. — Ezzio la obedece, claro que sí, está sumando puntos a su favor, pero esta me las pagas maldito perro.
— No puede ser que le temas a un niño. — dice Ángelo y es cuando una Ferrari negra… ¿en verdad niño?, las ferraris deben ser rojas, todos lo sabemos, en fin, nuestro futuro cuñado casi nos atropella.
— Tina ven. — su mellizo esta furioso, creo que piensa que le queríamos hacer algo y no se equivoca.
— Dámela. — bien, tengo su atención, solo para mí, rio por ello.
— ¡Tina ven! — no, no puedes quietarme la atención de mi reina.
— Eliot y Tina por siempre, que cursi. — creí que sería Tina quien se lanzara por mí, pero para mi sorpresa es su mellizo quien me apunta con su arma, veo la oscuridad en sus ojos, me va a matar y sin pestañar.
— No. — de un salto me cubre, mi reina me cubre y yo solo quiero morir, fui consciente de como corrió unos milímetros su rostro y su nombre sale en un grito no solo de mí, también de mis primos y hermanos.
— Dame mi brazalete. — estoy molesto, conmigo y con ella, ¿cómo se le ocurre poner su vida en peligro por mí?… un momento, ella lo hizo por mí.
— Hija. — parece que tanto Prieto como Noha la consideran su hija, ella en cambio, solo cierra sus hermosos ojos y respira con profundidad, me gustaría besarla, pero cuando abre sus parpados… vacíos, allí no hay nada, solo… soledad.
— Estoy bien, regresare sola… — quería abrazarla, decirle que no estaba sola, nos podía tener, solo debía aceptar y lo demás lo conseguiríamos con esfuerzo, la enamoraríamos, estábamos seguros.
— Tina debes curar la herida. — mi reina no gasta ni una mirada en su familia, algo que me inquieta, la aman, y ella estoy seguro de que también, no se ve bien, ¿por qué no la toman y la llevan al hospital y no solo para que revisen su hermoso rostro?
— Solo falta una calle. — es lo único que dice y termina empujando mi cuerpo, ya que me había quedado demasiado perdido en su rostro, en sus ojos. Aun atónito veo como sigue caminando, derecha, no parece que estuviera ebria, pero de igual forma deben llevarla con un médico.
— ¿Por qué la dejan seguir? Esta herida. — Salvatore me sorprende, mi hermano menor no es muy dado a demostrar sus sentimientos, menos frente a quienes considera enemigos, aunque claro, ellos serán nuestros cuñados y suegros, si tenemos suerte o solo la secuestramos y nos odiarán.
— Si lo esta es por salvar al idiota de tu hermano. — responde ofuscado Lion, se nota que aún no se controla, no es como Donato que no dice nada, pero nos está acribillando con la mirada, bueno solo a mí, pero en silencio, un silencio que quizás me hace sentir incomodo, como si… me estuviera jurando matarme, con mucha clase, eso sí.
— Ojos grises. — dice el mellizo de Tina y lo veo raro.
— ¿Que tiene mis ojos? — indago sin una pizca de gracia.
— Son del mismo color que los de Eliot… por eso lo salvo. — sus manos se cierran en puño, me ve con odio y no es el único.
— Mantente lejos de mi hija. — la voz profunda de Noha no me causa miedo, se necesita mucho más para ponerme a temblar.
— No la pienso lastimar, aunque no lo crean no mato mujeres. — respondo y Ángelo levanta una de sus cejas con incredulidad en mi dirección, de acuerdo lo confieso, yo era uno de los más interesado en matar a ambos Constantini, pero todo cambio.
— Si no quieres lastimarla arranca tus ojos, o mantenlos lejos de mi hermana.
Al fin el mellizo de mi reina se mueve, pasando entre nosotros y lo seguimos con la mirada, como apresura su paso, a donde Tina está de pie, en una esquina, y como si estuvieran sincronizados llega justo a tiempo para tomarla en brazos, cuando ella se desvanece.
— ¿Que mierda sucede? ¿Por qué vino a nuestro territorio? — Leonzio encara a Noha, pero este solo lo ve y queda en silencio.
— Es donde mataron a Eliot, su prometido. — Prieto, el padre biológico de Tina es quien habla y cuando Noha lo ve mal él solo levanta los hombros.
Valentina.
Abro los ojos y con solo ver el rostro de mi madre ya sé que lo arruine, observo en silencio a mi alrededor, y un escalofrío me recorre completa.
— Valentina… — me siento en la cama del hospital y bajo mi cabeza, arrepentida, apenada, sintiendo la clase de mierda de persona que soy, pero no puedo dar marcha atrás.
— Lo siento, no volverá a ocurrir.
— ¿Por qué lo hiciste hija? Siempre vas al cementerio en su aniversario.
— No lo sé mamá, esa es la verdad, solo estuve en ese lugar ese día, cuando aún estaba allí tirado, frio, solo… lo estoy olvidando y no quiero…
— Hija… es tiempo de dar vuelta la página.
— ¿Tú lo harías si papá muriera? ¿lo olvidarías en solo tres años? ¿crees que no lo intento? ¡¿piensas que me gusta vivir así o así sea vivir?! — la mano de mi madre causa picor en mi mejilla, mientras la escucho sollozar.
— Lo siento, Dios mío Tina, lo lamento tanto, no fue mi intención solo…
— Te dolió, mis palabras te dolieron, imagina lo que es para mí, pero mi dolor y enojo no se van dándole una bofetada a alguien.
— ¿Qué está pasando? — Noha me ve con recelo, mientras sus grandes brazos envuelven a mi madre, consolándola, no lo soporto, me levanto y voy al pequeño baño a vestirme, no soporto ver tanta felicidad a mi alrededor, ya no, quizás antes.
Aun escuchando las quejas de Noha, cierro la puerta, veo mi imagen en el reflejo del espejo, apenas un raspón, pero ese no es el motivo por el que estoy aquí, me coloco mi ropa deportiva, y por supuesto las zapatillas con elástico, sin cordones, solo así se aseguran de que no me ahorque en el baño, no puedo regresar aquí, tomo una bocanada de aire y salgo.
— ¿Lo ves Noha? solo me cambie. — veo el dolor en sus ojos, pero no doy marcha atrás, no cuando quieren encerrarme una vez más.
— No importa cómo me llames Tina, eres mi hija y no estas bien, ¡anoche por poco y mueres por un coma alcohólico! tu… — su dedo índice se eleva en mi dirección, me gustaría decirle que es de mala educación apuntar a alguien, pero no lo hago. — Lo prometiste, y no cumpliste, por lo tanto…
— Me encerraran una vez más, ¿verdad? Claro, desháganse de la loca de Valentina, la inútil, débil y rota mujer en la que se convirtió.
— ¡Porque tú lo quieres de esa forma! No me importa lo que digas…
— ¡Tú no eres mi padre!, no tenemos un lazo sanguíneo que nos una, no puedes tomar esa decisión.
— … — Noha retrocede con cada palabra, lo lastimo, lo sé, es lo mejor, que me odie, las personas que son odiadas son más fácil de olvidar.
— Valentina, ¡¿Cómo te atreves a decir tal cosa?! — mi madre esta roja de furia, bien, está funcionando, lo estoy logrando.
— Como te atreves tu a cuestionar mis palabras cuando incluso en este momento delegas tus responsabilidades como madre en otra persona, eres un fracaso Emma, deja de mentirte a ti misma, no eres fuerte, sigues siendo Emma, la pobre huérfana… — observo como mi madre, la persona que más orgullo me da en este mundo junto con Noha, retrocede con cada palabra, con cada mentira que sale de mis labios.
— ¡Basta! — el grito de Don me aturde, pero solo por un segundo, ya que cuando giro para verlo, me doy cuenta de que no está solo, claro que no, él tiene a alguien, mientras yo quedo sola.
— Pero miren quien llego, vamos hermano, pasa, no mires el espectáculo a la distancia, que no te de pena con la gran Ámbar Zabet, después de todo… si a ti no te da vergüenza salir con una mujer tan mayor y tan… — en menos de un parpadeo Donato me tiene acorralada entre su cuerpo furibundo y la pared del hospital.
— ¿En qué momento te convertiste en una persona tan miserable? ¿O quizás siempre fuiste así, y solo hasta ahora me doy cuenta?, dime Valentina, ¿la historia de Prieto y Demetri se repetirá con nosotros? ¿Tu corazón esta tan herido como para torturar a todos los que te aman?
— No te preocupes hermanito, a diferencia de nuestro verdadero padre y el querido tío Demetri, tu, no tienes nada que yo pueda querer, nada que valga la pena al menos. — veo los ojos de Ámbar, y la furia corre en mi interior.
— ¡Deja de verme con lastima maldita perra!
— No puedo verte de otra manera, recuerda que yo te conocí antes, sé que no eres así, y no comprendo porque lo haces, la Valentina que conozco no lastimaría a los que ama.
— Dulces palabras de una asesina, pero comprendo que con tu edad… la cara te dé para muchas cosas.
— ¡Cierra la boca Tina!
— No me vuelvas a llamar de ese modo, nunca más, ni tú, ni nadie, ¿me oyen? Si se atreven a dejarme aquí, ya no los considerare mi familia.
— Lo siento, pero prefiero que me odies de por vida a que te termines matando, y no veas a mamá, yo firme tu internación.
Veo a mi hermano, mi mellizo, ese que siempre fue mi cómplice, pero que sin embargo ahora no me comprende, bajo cualquier pronostico, rio, mientras todos me ven como si realmente hubiera perdido la cordura, quizás sea así, pero no me importa, sigo riendo, con suerte moriré en este hospital psiquiátrico y ellos me olvidaran, como yo estoy olvidando a Eliot.