Capítulo 2: Zita Vannicelli

1950 Palabras
Abro los ojos, mirando a mi alrededor, tratando de ubicarme, y todos los recuerdos llegan de golpe a mi mente, busco en la cama al hombre que me dio una noche sensacional, pero no esta, en la mesita junto a la cama, están los envoltorios de los condones, puedo contar 5. Fue una noche intensa, me levanto buscando mi ropa y la encuentro doblada y junta sobre el sillón frente a la cama. me visto, le dejo una nota, y salgo del lugar. Me voy a mi departamento, a bañarme y quitarme el olor a sexo que tengo. El resto del fin de semana lo paso de lo mas tranquilo en el departamento, leyendo manuscritos. Estoy muy satisfecha en todos los sentidos. Mientras leo un escrito sobre una novela romántica, escucho las noticias, el clima estará algo lluvioso, normal considerando que estamos en otoño. —En otras noticias, aun se desconoce el paradero de Massimo Soracco, el luchador de MMA que estaba en asenso—Llama mi atención la televisión, dejo el manuscrito, y subo el volumen de la tele —No puede ser que la persona siga impune—Dice el reportero con indignación. Me molesta su cinismo, ese cabrón que da las noticias esta en la nomina de los Bianchi—El incremento de violencia que ha habido en esta ciudad gracias a la mafia, que cada vez esta mas involucrada… —Bueno, al menos los federales ya han tomado el caso—Lo interrumpe la chica, me sorprendo ante esa noticia, el caso no amerita por nada que el FBI intervenga, considerando que no hay cuerpo, ni arma, ni motivo… al menos no uno que ellos sepan. Suspiro recordando a Massimo, nos conocíamos desde los 15 años, y vivimos momentos maravillosos, mi padre lo apoyó cuando quiso iniciar su carrera en el MMA, pero el no pudo alejarse del medio, y fungía de mi guardaespaldas, cuando ambos estábamos estudiando la universidad. Que tiempo aquellos. Apago la televisión y sigo con mi trabajo. (…) La semana transcurre algo aburrida, en el trabajo aunque hay mucho que hacer, es algo sencillo, cada tanto mi mente viaja a aquella noche con Salvatore, en 2 años estando aquí no había disfrutado tanto. Suspiro añorando un poco aquella época donde la línea entre la moralidad y lo inmoral era muy delgada. —¿Vamos por un café? —Me pregunta Amelia cuando salimos del trabajo —Si vamos—Le digo, y caminamos hasta el café que esta a media cuadra de donde esta la editorial. Mientras caminamos sonríe con curiosidad —¿Cómo te fue con el hombre peligro? —Me pregunta, no puedo evitar sonreír al recordar esa noche. —¿Tan bien estuvo? —Ni te imaginas—Le digo abriendo levemente los ojos, saco mi celular que suena de un numero desconocida, desvío la llamada. —Vaya es la semana de los hombres sexys—Dice y yo levanto la mirada del celular, y me freno en seco, de pie frente a un audi convertible, esta Alessandro, con sus lentes oscuros, y su cabello n***o, su barba partida y traje azul a tres piezas. Sonrisa de medio lado. Amelia me mira con sorpresa—¿Lo conoces? —Hermanita—Dice Alessandro acercándose a mi, quitando sus lentes, dejando ver sus ojos azules. —La genética es demasiado injusta—Dice embelesada de ver a mi hermano mayor. —Hola Alessandro—Le respondo, y el voltea a ver a Amelia con sorpresa, y luego a mi, suspiro—Amelia, este es Alessandro, mi hermano mayo. Ale ella es Amelia, mi mejor amiga. —Un gusto—Dice Alessandro acercándose a Amelia para plantarle un beso en la mejilla, conozco a mi hermano, es un seductor innato. —Igualmente—Responde Amelia, completamente sonrojada, y Alessandro la tiene en sus manos —¿Qué planeaban hacer chicas? —Pregunta con fingida inocencia. Enarco una ceja con incredulidad, Amelia le responde con amabilidad y un ligero coqueteo, con una risita—¿Podría acompañarlas? Bueno si no les molesta —No claro que no—Responde de inmediato Amelia, y yo suelto un suspiro—¿Te molesta Zia? —No, claro que no. Llegamos a la cafetería, mi hermano como siempre pide un café n***o, yo un late y Amelia, uno con caramelo. Alessandro, le hace preguntas a ella, sobre donde trabaja, que estudió, sobre su familia, todo de una manera tan casual, que Amelia ni si quiera nota la información que le esta dando, Alessandro podría pedirle hasta su cuenta bancaría y ella se la daría sin siquiera notarlo. —¿Alessandro? ¿Zita? —nos llama otra voz, que de inmediato me tenso. Otros dos hombres tan parecidos a Alessandro que es obvio que son Santino, y Vito, mis otros dos hermanos, yo golpeo mi frente con irritación —Santi, Vito—dice Alessandro con fingida sorpresa—Miren chicos les presento a Amelia, la amiga de Zia Mis hermanos intercambian miradas cómplices y saludan a Amelia comuna amplia sonrisa, que deja a Amelia alucinada —De verdad es injusta la genética—Dice en voz baja Amelia, invita a mis hermanos a acompañarnos—Que casualidad que se encontraran todos aquí Dice Amelia, con evidente diversión, embobada viendo a mis hermanos, Ay Amelia solo es la fachada, estos tres están tan locos y degenerados… suspiro. —Si una enorme casualidad—En el mundo donde crecimos, nos movemos y nos cuidamos, la casualidad no existe, es una de las primeras lecciones que se deben aprender. Nos despedimos de Amelia después de un rato, me disculpo por la brusquedad de mis hermanos, cuando sube a su carro. Me acerca tu ventana —De verdad Zia, tus hermanos, son muy guapo—Una risita de adolescente sale de sus labios y finjo una sonrisa, cuando me despido, veo su auto alejarse —Es una buena chica—dice Santi —Muy guapa—Responde Alessandro —Inocente—Termina Vito Me giro de golpe con los brazos cruzados por delante, el ceño fruncido y mis ojos que echan chispas por los ojos. Mientras que ellos sonríen de oreja a oreja de esa forma tan traviesa —¿Es tu mejor amiga? —Levanta las cejas Santino, de forma sugerente, y yo gruño de frustración —¿Son amantes? —Ahora Vito le da cuerda a Santi —Uy que rico, hermanita, debe follar rico—Dice Alessandro abrazándome por los hombros, me desprendo de sus brazos empujándolo, ellos ríen de mi actitud —Son unos cerdos—Les digo —Si, pero para que consigues amigas con esas tetas, ya sabes como somos—Se encoje de hombros Alessandro —Aléjense de ella—Los riño—Ella es un ángel para sus degenerados pensamientos. Van a hablar, pero los fulmino con la mirada, así que desisten. Cuando vamos al estacionamiento, veo los 3 carros de lujo, mis hermanos nunca han sido precisamente discretos. —¿Se puede saber que hacen aquí? —Les pregunto casi a gritos —Queríamos verte—Me dicen los tres al mismo tiempo, pero me cruzo de brazos de nuevo. Alessandro abre la puerta de su carro, subo, sabiendo que no van a hablar conmigo aquí afuera, me regala una sonrisa condescendiente antes de entrar. —¿Cómo has estado Zita? —Me pregunta ya en el auto, mientras entramos en la carretera, no contesto—Zita, no te he visto en dos años, sabes que me preocupo por ti Toma mi mano tiernamente. Suspiro. De mis tres hermanos es Alessandro con el que mejor me llevaba, hasta que me enteré que fue uno de los que le dio una paliza a Massimo cuando se enteraron que me acosté con él. cuando lo cuestioné, me dijo que el se ofreció porque me había desvirgado, y porque sino lo hacía él, mi padre pondría a alguien peor, y Ale sabía cuanto significaba para mi. Aunque con los años fuimos mas amigos que nada. —He estado bien—respondo suspirando, y el suelta el aliento con alivio—Trabajando —En la editorial—Me dice con una sonrisa. Aunque me sorprendo que lo sepa, tampoco es una gran revelación considerando, que jamás creí que mi padre no me vigilaría—¿Te gusta? —¿La editorial? —Asiente—Si, me encanta —Siempre te gustó estar tras de los libros—Me dice sonriendo—O bajo algún hombre peligroso Me dice con burla, me hace reír y le pego en el brazo —Pero supongo que tienes razón—Le digo suspirando con algo de alivio —¿Has conocido a algún chico decente? —A muchos —¿Alguno que te haga sentar cabeza? —Ah, no—Le digo encogiéndome de hombros —¿Por qué? Tu tienes la oportunidad de conocer gente decente… —Sabes el porque…—Le digo marcando lo obvio, no es ningún secreto que a nosotros cuatro nos gusta el sexo, pero es difícil que alguien nos haga repetir. —Lo ves hermanita, en el fondo eres igual que nosotros—Dice riéndose. Mientras entramos en un terreno baldío, hasta una pequeña cabaña. Entramos los 4, y de inmediato mis hermanos sacan unas cervezas. Me extienden una Stella —¿aun es tu favorita? —Me pregunta Santi —Si, aun me gusta —Ah cambiaste de cerveza—Dice levantando las cejas —No, solo he probado otras —Vaya, debemos de conocerlo—Dice Vito riendo a carcajadas —¿A quien? —Pregunto confundida —Al cabrón que logró hacer que pruebes otro tipo de cerveza—Se ríen los tres y yo les hago una seña con el dedo medio —Chicos, por favor, díganme que sucede—Les digo con la voz cansada, mientras tomo la segunda cerveza. Intercambian miradas, con culpa y complicidad—Chicos… Santino y Vito ven a Alessandro, que se coloca delante de mi, sus ojos se oscurecen, es injusto que este don Juan, sea guapo y aparte tener los ojos tan claros. —Zita, la muerte de Massimo, fue… la hicieron los federales. —¿Qué? Yo estuve ahí… —Si, pero todo fue una trampa de los Bianchi, estamos cerca de dar con quien dio la orden, además de dar con quien jalo del gatillo —¿Por eso el caso paso a los federales? —Si, tratan de encubrirlo—Dice Alessandro—Pero el problema no es solo ese, la orden era para matarnos a los cuatro… —Esa orden siempre ha existido Al—Le digo aburrida —Pero nunca trataron de hacerlo tan directo, creemos que alguien externo, esta manejando los hilos —¿Alguien externo? —Pregunto curiosa —también han atentado contra los Bianchi —¿Sospechan de alguien? —Alguien dentro del FBI —Vamos Al, ellos nunca se han interesado por los negocios de nosotros… —Piénsalo un momento Zita, antes de lo de Massimo, nunca hubo un atentado directo, siempre era hacia los negocios. ¿Por qué de pronto hacer algo mas drástico? Lo pienso un momento y tiene razón. —¿Qué estoy haciendo yo aquí? —Papá quiere que regreses, y asegurar que estes bien—Debe notar mi expresión, porque agrega de inmediato—Y te necesitamos —¿Por qué? —Sabes porque—Suspiro resignada. —Papá te lo explicará mejor—Mi cuerpo se pone en alerta de inmediato —¿Papá vendrá? —Les pregunto sorprendida —Así es Zita Vinnacelli…—La voz de mi padre, me recorre la espalda en un escalofrío…
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