El reloj marcó el mediodía justo cuando cerré el archivo en mi computadora, no había podido concentrarme en toda la mañana. Me levanté de mi asiento sin decir palabra, tomé mi bolso y me dirigí al ascensor, no podía seguir ignorando el desastre que se había desatado desde que Demian golpeó a Federico. Salí de la editorial, tomé un taxi directo a sus oficinas, la torre de cristal que se erguía como símbolo de poder y prestigio en medio de la ciudad. Al llegar, saludé al portero levantado la mano y caminé hasta llegar al ascensor, resioné el botón del último piso sin titubear. El ascensor subió con calma, cuando se abrieron las puertas, me encontré en un pasillo impecable, adornado con flores frescas y muebles modernos. Caminé un poco asombrada y a la vez temerosa hasta llegar al gr

