Adolfo tomó un sorbo de su copa y luego habló con calma, no podía entender lo que yo sentía dentro de mi. —Aunque la verdad, yo conocí a Humberto después que era niño, cuando ya tenía como ocho años —dijo, como quien suelta un dato irrelevante. Cecilia arrugó la cara un poco confundida. —¿Por qué dices eso así? ¿No se crió siempre en la hacienda? Adolfo negó con la cabeza y apoyó los codos en la mesa. —Lo conocí cuando su padre y Jimena llegaron a vivir allá. Yo también era casi de su edad, y recuerdo bien el día en que llegaron con ese niño tímido y muy callado, que era Humberto. Tenía unos ojos tan parecidos a los de ahora, pero parecía venir de un lugar muy distinto al que iba a vivir. Mi corazón se aceleró un poco más de lo normal, pensar en que él si pudo estar con mi madre, me d

