Frialdad

1144 Palabras

A la mañana siguiente, desperté con el corazón oprimido, como si el sueño no hubiera sido suficiente para calmarme. Me senté en la cama, observé el cuarto que me había dejado Cecilia y respiré profundo. Después de media hora de pensarlo,abrí la puerta de la habitación, u bajé las escaleras como tortuga, muy lento. Al llegar a la sala, todos estaban sentados, me sorprendió que nadie hablara, era si todos supieran qué decir algo estaba fuera de lugar. —Buenos días —dije con voz serena, aunque por dentro todo era como un remolino. —Buenos días —respondieron en coro Jimena, Adolfo, Cecilia y Humberto. Humberto se puso de pie de inmediato, como si estuviera esperando ese momento. —¿Podemos hablar a solas? —preguntó, con evidente ojera, era claro que no había dormido en toda la noche.

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