Blaine Bajaba con mucho pesar las escaleras de casa. El mármol de la sala principal nunca me había parecido tan aburrido como en estos instantes. Mi raciocinio había sido bloqueado en un profundo lugar de mi cerebro. Mi orgullo se negaba a arrastrarse suplicando por ayuda, pero la intensidad de mis sentimientos por Mikeila era mayor a mi dignidad en estos momentos. Nada perdía intentándolo, ¿verdad? El despacho de g*****a Allegheny, mi madre, tenía un ambiente pasmosamente gélido. Ella se encontraba con la vista fija en uno de sus cuadros de colección. Al percibir mi presencia, sus imperturbables ojos esmeralda se fijaron en mí y se giró, dejando entrever que ya conocía de mis intenciones. —Ayúdame por favor...— fue la primera frase que le dirigía en días, —sé que Eric vino a decirte s

