—¿Era? —Ahora eres mía. Con nuestros rostros enfrentados, mi compañera me miró fijamente a los ojos. Buscaba algo. ¿Qué necesitaba encontrar? ¿La verdad? ¿Compromiso? ¿Obsesión? ¿Honor? —Soy tuyo, Adriana. ¿Sabes lo que eso significa? —Sí. Pero tú también eres mío y… tengo que decirte algo. Es sobre cómo te encontré. Cómo supe que estabas ahí. Que eras mío. Y es lo que me hizo llenarle los pies a Helion de trozos de galletas de chocolate. —Dímelo ahora mismo. —No te pongas mandón. Ya te he dicho que te lo iba a decir. —No me digas que vas a hablar. Simplemente di lo que debo saber. —Kovo, cálmate. No es una emergencia ni nada. —No me entiendes, compañera. No eres mi prioridad, eres mi única prioridad. Solo tú controlas a la bestia. Ya no me responderá si deseas otra cosa. También

