Capitulo dos.

2465 Palabras
Llevo dos días encerrada en casa de Axel tras el encuentro con Luka Petrov, no saben nada de su paradero y Axel esta convencido en que aparecerá para intentar hacer daño. Quiere adelantar la boda para afianzar nuestra alianza pero yo me niego a ello. No voy a casarme con él, antes prefiero la muerte. Deberían casarse Enzo y mi padre y dejarnos en paz a nosotros. Axel entra en la habitación y me mira, me tira una bolsa con ropa encima de la cama y sonríe. -Creo que eso te quedará bien, cambiate de ropa. -Tengo suficiente ropa en mi casa- digo. -No vas a ir a tu casa, no hasta que sepamos dónde está Luka. -Quiero ir a mi casa y quiero ir ahora mismo- digo furiosa- no eres quién para tenerme aquí retenida. -Soy tu marido- gruñe. -No por el momento y menos si puedo evitarlo- digo levantándome de la cama. -Lo serás muy pronto- dice furioso antes de salir. Miro la ropa que hay dentro de la bolsa y saco un pantalón n***o de cuero y un top rojo de encaje, también hay ropa interior. Voy al baño que hay junto a la habitación y me doy una ducha sin lavarme la cabeza ya que no tengo aquí lo necesario para dejar bien mi pelo. Cuando salgo me visto y me pongo unos botines de tacón que me ha dejado a los pies de la cama. Salgo de la habitación y voy hasta la sala, Axel no está. La ama de llaves, Amelia me mira y sonríe. -Buenos días señorita, el señor D'angelo está en el estudio trabajando, ¿quiere que le prepare algo? -Buenos días Amelia, no es necesario. Mi prometido y yo saldremos a desayunar fuera- digo sonriendo amablemente. Mi idea es hacerle de estos días que pasemos juntos los peores de su vida. Camino hasta el estudio y abro la puerta sin llamar, Axel me sigue con la mirada, tiene cara de pocos amigos, pero me da igual. Camino con paso decidido hasta el escritorio y lo rodeo, me siento en el escritorio, frente a Axel y le miro. -Vamos a desayunar fuera- digo mirándole y cierto el ordenador portátil que hay a mi lado. -¿Se puede saber que haces?- dice agarrando mi muñeca con fuerza y yo intento zafarme de su agarre. -Suéltame, me haces daño. -Acabas de joderme una subasta bastante importante- gruñe. -Y a mi que, tengo hambre. Vamos- ordeno. Él pone sus manos en mi cadera y tira de mí, antes de que pueda hacer que quite sus manos de encima mía, haciéndome caer sentada a horcajadas sobre él. -Cómeme a mi- dice divertido. -Eso nunca pasará- niego intentando levantarme pero él me sujeta apretandome fuerte contra su entrepierna, puedo notar su excitación a través del pantalón. -Serás mía, ambos lo sabemos- dice y lleva su mano a uno de mis pechos, acaricia el pezón a través de la fina tela de encaje y lo pellizca, yo aparto su mano de mi pecho y me levanto. -Olvidate de que pase algo entre tu y yo- digo saliendo del estudio. No ha salido como queria, pero al menos le he dejado claro que no caere rendida a sus pies. No soy como el resto de mujeres que mete en su cama día sí y día también. *** Al final Axel se ha dado por vencido y me ha dejado volver a casa tras ver que coger a Luka era algo imposible. Y yo que me alegro. De camino a casa he pasado por el gimnasio para coger mis cosas y he visto todas las llamadas perdidas y mensajes de Marcelo. No le contesto, prefiero acercarme a su casa y hablar con él en persona, estoy segura de que estará preocupado. Cuando llego al edificio el portero me abre la puerta y le da al botón del ascensor. -Bienvenida señorita Blume -dice sonriendo. -Gracias Anthony- sonrío antes de entrar al ascensor. Le doy al botón de la planta seis y cuando por fin se abren las puertas salgo al pasillo, camino hasta la puerta del piso de Marcelo y llamo al timbre. No abre y vuelvo a llamar. Tarda un poco pero finalmente abre la puerta. -Oc.. Octavia.. -dice mirándome sorprendido. -Marcelo tengo muchas cosas que contarte, estos días han sido caóticos y... No puedo terminar de hablar cuando veo a una chica pelirroja semi desnuda caminando hacia la puerta. - Marcelo, amor ¿quién es?- pregunta la pelirroja tras él. -No puedo creerlo... -susurro. -Octavia, puedo explicártelo- dice él. -Ni te molestes- digo dándome la vuelta y vuelvo a entrar en el ascensor. Me voy directamente al centro comercial. Quiero comprar ropa nueva y ciertas cosas que voy a necesitar más adelante. Llamo a mi guardaespaldas y le pido que venga con otro de los hombres de mi padre. Voy a necesitarlos con todo lo que tengo pensado comprar. Los pobres están agotados de pasear de tienda en tienda, y no entienden muy bien a que se deben estas compras ya que siempre prefiero venir sola. -Ya está bien por hoy, Fabio- digo mirando a mi guardaespaldas- tu vienes conmigo, vamos a recoger un encargo antes de ir a casa de Axel D'angelo. James tu lleva todo esto a casa de Axel ahora. Ellos asienten y nos subimos en los coches. Fabio conduce mi range rover y James se va en el de seguridad. Le doy las indicaciones a Fabio para ir a la joyería y él aparca y se baja a por mi encargo. Cuando vuelve nos ponemos en marcha. -Señorita, perdone mi indiscreción pero ¿todas estas compras son por la boda con Axel D'angelo? Creí que no estaba de acuerdo- dice mirando hacia atrás por el retrovisor. -Así era Fabio. No estaba de acuerdo pero la situación a cambiado y de todas maneras sería imposible llevarle la contraria a mi padre- confieso. -Tenga cuidado, es una alianza peligrosa con personas peligrosas- responde. -Creo que soy lo bastante fuerte para llevar la situación, aún así Fabio, quiero que sepas que seguirás siendo mi guardaespaldas, solo puedo confiar en ti- contesto agradecida por su preocupación. -Será un placer- sonríe mirando por el retrovisor. El resto del trayecto lo hacemos en silencio. Cuando llegamos a casa de Axel, Fabio aparca el coche y se baja para abrirme la puerta. Me bajo y comienzo a caminar hasta la entrada, él me sigue con una distancia adecuada. -¿Qué es todo esto?- pregunta furiosa una joven de cabello castaño, imagino que es una de las conquistas de mi futuro marido. Esta se pone en medio de la puerta. -Son mis cosas, vengo a dejarlas en la que será mi casa- respondo apartándola a un lado y entro en la casa y le hago una seña a James para que siga con su trabajo. -¿Tu casa?- dice riéndose- Axel D'angelo es un hombre libre y siempre lo será. -¿No te has enterado?- digo mirándola divertida- Axel y yo nos casamos en menos de un mes. -Saca tus cosas de aquí, eso es imposible- protesta. En ese momento Axel aparece en la entrada y mira todo a su alrededor. -Amelia lleva todo esto a mi habitación, haz sitio en mi armario por el momento, aunque la futura señora D'angelo tendrá su propio vestidor, y que te ayuden un par de hombres a subirlo todo- dice Axel detrás de la castaña- Erika va siendo hora de que te vayas a tu casa. -Pero... Axel.. Yo.. -balbucea ella. -Si nos disculpas tengo cosas que hablar con Octavia- dice girándose y yo le sigo. Entramos en el despacho y cierro la puerta tras de mí. Él se sienta en el sillón que hay tras el escritorio y me mira. -Habla. -Estoy dispuesta a aceptar este matrimonio pero tengo mis condiciones, la primera es que no volverás a tocarme y la segunda es que me respetarás como lo que seré, tu mujer, además quiero ser libre de ir y venir cuando quiera y a donde quiera- él me mira con media sonrisa. -¿Crees que aceptaré lo de respetarte y no tocarte?- ríe divertido. -Nos casaremos en dos semanas y seguro que podremos llegar a un acuerdo. En ese momento mi teléfono suena y yo cuelgo nada más ver el nombre de Marcelo en la pantalla. Vuelve a insistir un par de veces y Axel se levanta del sillón y se acerca a mí. -Dame tu teléfono- dice estirando la mano. -No es asunto tuyo- replico. -Todo lo que tenga que ver contigo es asunto mío- gruñe autoritario y me quita el teléfono de la mano cuando vuelve a sonar. Él mira la pantalla y ve el nombre de Marcelo, descuelga el teléfono y responde. -No vuelvas a llamar a Octavia, en dos semanas será la señora D'angelo, si sigues molestándola tendré que darte un escarmiento- cuelga el teléfono y me lo devuelve- No quiero que hables más con él. -Tú no me das órdenes, de todas maneras puedes estar tranquilo, no lo haré- respondo mirándole- me voy a casa. -Quédate aquí desde ahora, seguimos sin saber dónde está Luka, estarás mejor aquí- dice caminando de nuevo a su sillón y se sienta- podrás salir a donde quieras. -¿Es una obligación?- pregunto. -Es una sugerencia. Ya me di cuenta que contigo las obligaciones no funcionan- responde divertido. -Esta bien. *** Solo quedan unas horas para dejar de ser libre, si es que puedo definirlo así. Dejo de obedecer las órdenes de mi padre para obedecer así las de mi marido. Un hombre al que no quiero y con el que me caso solo por vengarme de Marcelo. Tocan a la puerta y esta se abre, entra Amelia acompañada de una mujer y un hombre, puedo intuir que son los estilistas que me van a preparar para la boda. -Señorita Octavia, esos son Francesca y Carlo, se van a ocupar de usted para que luzca hermosa- sonrie la ama de llaves. -Muchas gracias Amelia- fuerzo una sonrisa y desvio la mirada al vestido de novia que hay colgado a un lado. Hoy es el día, y ya no hay marcha atrás. El momento que ambas familias estaban esperando ya ha llegado. Cuando terminan de peinarme y maquillarme, me ayudan a vestirme. Me miro en el espejo y no puedo evitar sonreír. A pesar de no ser una boda que desease no puedo negar que estoy preciosa. Llevo el pelo semi recogido, cayendo en cascada y ondulado. El maquillaje es sutil y elegante y el vestido... Que decir del vestido, es de una de mis diseñadoras predilecta, es un Vera Wang de encaje en corte sirena, escote corazón con dos tirantes de pedrería. Sin duda es el vestido de mis sueños. Mi padre me está esperando fuera para llevarme al altar. Cuando me ve se emociona y sonrie. -Estás preciosa hija. -Que pena que solo tu te emociones en un día como hoy- replico y camino por el pasillo. -Algún día lo entenderás hija- responde él caminando a mi lado. Llegamos a la entrada de la sala donde se celebra la ceremonia y con mala gana cojo el brazo de mi padre para empezar a caminar hacia el altar en cuanto comience a sonar la música. La música comienza y con ello mi caminata hasta el altar, donde me espera Axel con su esmoquin n***o y camisa del mismo color. Sin duda se siente como yo, estamos en nuestro funeral. Cuando llego hasta Axel fuerzo una sonrisa y él hace lo mismo. El cura comienza a hablar. -Bienvenidos a un día tan especial en el que celebraremos la union en santo matrimonio de Axel D'angelo y Octavia Blume, dos almas, dos corazónes, dos personas que rebosan amor- dice el cura, yo simplemente desconecto, estoy deseando de que termine esta pantomima. -¿Octavia?- insiste el cura. Salgo de mis pensamientos y asiento. -Si, acepto- respondo. -Axel D'angelo, aceptas a Octavia Blume como esposa en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, todos los días de tu vida- Axel asiente y el cura sonrie- entonces os declaro marido y mujer, puedes besar a la novia. Al escuchar eso mi cuerpo se tensa, no quiero tener cerca a este asqueroso mujeriego, ni por asomo. Él sonrie y lleva sus manos a mis mejillas, acerca sus labios a los míos y funde nuestros labios en un largo beso, yo me aparto en cuanto puedo. **** La fiesta ha comenzado y los invitados están disfrutando de ello, yo estoy deseando de que termine este día. Este horrible día mejor dicho. Axel coge mi mano y me lleva hasta el medio de la pista, me obliga a bailar con él y no puedo negarme, no en esta situación. Lo esta disfrutando, lo se. -Querida esposa, quizás deberiamos ir pensando en nuestra noche de bodas, estoy deseando de quitarte este vestido tan provocador y ver que escondes bajo él- susurra en mi oído y un escalofrío recorre mi cuerpo. -Ya te dije que nunca me tendrás de esa manera- replico. -Entonces tendré que buscar a otras que quieran complacerme- insiste. -Si intentas hacerme cambiar de opinión vas por mal camino. Ya te dije que tenías que respetarme- digo separándome de él y mirándole a los ojos- y ahora querido marido, ves a buscarme una copa de champán, tengo sed. -Aprovecha ahora que tenemos público porque será la primera y la última vez- gruñe. -Ya lo veremos. Él se va hacia la barra y yo camino hasta nuestra mesa para sentarme, estos zapatos me están matando y la situación me agota. Tener que fingir todo el tiempo es agotador. Al poco rato Axel aparece con dos copas y me da una. Me mira sonriendo y choca su copa contra la mía. -Querida esposa, pienso hacerte la mujer más infeliz de Palermo, de Sicilia, de Europa, y para que mentir, del mundo entero- dice susurrando en mi oido y un escalofrío recorre mi cuerpo- nunca seré capaz de sentir nada más que odio por ti. -Creeme que el sentimiento es mutuo- respondo. -No debiste complacer a tu padre, él firmó tu sentencia de muerte con esta alianza y tu la has confirmado con el matrimonio. -Si tan valiente eres ¿porque no le plantaste cara a Enzo D'angelo?- le reto. -No nombres a mi padre con tu sucia boca de niñata malcriada- gruñe clavando sus dedos en mi muslo. -Sueltame o esto empezará mal desde el primer momento, no quiero que me toques con tus sucias manos manchadas- respondo enfadada y en ese momento se oye un estruendo. Parece un disparo. Axel me rodea con sus brazos, hundiendo mi cabeza en su pecho, protegiéndome y mira alrededor.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR