Mientras tanto, a miles de kilómetros de distancia, Zeynep y Ayse se encontraban en su nuevo hogar, tratando de adaptarse a una realidad completamente diferente. El apartamento que habían alquilado era muy lindo y acogedor, con muebles sencillos y una vista impresionante de la playa. Para Ayse, acostumbrada a la austeridad y la rigidez de su vida anterior, aquel lugar era como un sueño hecho realidad. —Zeynep, no puedo creer que estemos aquí —susurró maravillada, mientras se asomaba por la ventana para contemplar el vaivén de las olas— Es como si hubiéramos atravesado un portal hacia otro mundo. Zeynep sonrió, acariciando su vientre con ternura. —Lo sé, Ayse, a veces yo también tengo que pellizcarme para asegurarme de que no estoy soñando. Pero a pesar de la tranquilidad y la segurida

