—Pregunta lo que quieras tío—le pidió a Rafael, al ver la incomodidad de él— puedo oler la sangre de una enfermedad— dijo finalmente. Rafael la seguía mirando sin entender su frialdad hacia la enfermedad de su padre. Lo que no sabía Rafael, era que mientras Andrés la limitaba, la anulaba, Ariel la elevada resaltando sus habilidades y su inteligencia. Y los niños hacen la diferencia entre quienes ayudamos en su progreso. —Si me importa mi papá, pero no de la forma que me importa Ariel. Mi papá pensaba que yo era tonta, inútil, incapaz solo por ser niña. Y Ariel era diferente. —Lo entiendo hija— dijo Vivían, acercándose a ella y otorgándole un gran abrazo. Benjamín, Ángel y Rafael miran con ternura aquella escena. Pasó el mes, y aún falta uno para llegar a la primera luna llena en dici

