Al llegar Ángel, Emilia lo hizo pasar de prisa a su habitación, luego tomó un corta papel y se cortó el antebrazo, Ángel al ver aquello, no alcanzo a reaccionar, todo fue tan rápido, que él no alcanzó a ver la sangre, porque no la hubo. —¿Que me pasa?, — preguntó un poco angustiada. —No lo sé. En unos de los escritos de Eduardo decía que se unirían dos ADN, diferentes. El tuyo y el de Ariel, y…no, no, no creo que ocurra lo que estoy pensando. —Que me convertiré en loba— mencionó, abriendo sus ojos verdes que se intensificaron con la emoción que estaba experimentando en esos momentos, se esforzó para mantener el control sobre ella, y así mantenerse tan serena como el amanecer de un día veraniego. La mirada de Ángel está fija en ella, no atina a decir palabra alguna. Su pensamiento no lo

