La luna brilla enorme resaltando en el cielo n***o como la brea, haciendo que el resplandor dorado de las flamas sea mucho más intenso a todo lo largo del camino que me separa de la plataforma donde puede verse a Iriabela y la sacerdotisa. La luz que las rodea las hace destacar, sobre todo a mi bruja (sí, dije MI bruja, soy su Guardián así que, técnicamente, estoy en lo correcto) y me resulta casi imposible apartar mi mirada de ella a medida que atravieso el pasillo formado por las antorchas en dirección a ambas. La túnica que lleva ahora es del color de la plata con detalles escarlata, tan vibrantes como la sangre misma, y la tela es flotante, parece ser tan ligera que, con la suave brisa que hay, se mueve parecida a la que le vi a la Diosa Luna en esa única vez que tuve contacto con el

