Capítulo 3

2082 Palabras
En cuanto cierro la puerta y me aíslo "lejos" de él, por fin puedo respirar profundo, dejándome caer ligeramente contra la madera obscura tras de mí. Libre... Por fin soy libre... No más cadenas, no más intentos de noquearme para poder manipular mi mente, no más fármacos ni matarme de hambre para intentar debilitarme y quebrarme... No más extraños intentando irrumpir en mi cabeza ni noches enteras en vela por los dolores en mi cuerpo. Tampoco el olor a moho permanente como perfume ambiental ni idiotas queriendo propasarse conmigo porque estaba reducida e indefensa... Han sido los peores meses de mi vida y puedo decir con certeza absoluta que, toda la amabilidad y dulzura que antes me caracterizaba, esa inocencia que poseía de que las cosas podían solucionarse sin necesidad de tanta violencia y demás, ya no existe, ha muerto y solo quedó un cascarón vacío y helado de quien una vez fui.  Los cazadores causaron esto, ellos me convirtieron en quien soy ahora y van a tener que atenerse a las consecuencias de sus actos. Ya no tendré piedad, no seré benevolente, no les daré ni una oportunidad: en cuanto el momento llegue, todos desaparecerán, no quedará ni uno en pie. Y todavía no he decidido qué haré con ese traidor infeliz que, a pesar de haberme sacado de ese sitio, fue quien causó que terminara ahí en primer lugar y no voy a olvidarlo, no volveré a confiar en él bajo ningún concepto y ni siquiera estoy muy decidida sobre si lo dejaré vivir o no. No sé si podría hacerme cargo de él yo misma, tengo mucho odio contra él dentro de mí, es mirarlo y querer verlo sufrir, no obstante, no estoy segura de poder matarlo. Quizás podría dejarlo en medio del bosque que rodea el castillo, ahí seguro que alguna de las criaturas que custodian nuestras tierras estarían más que encantadas de cargarse a un cazador con sus propias manos... Hay quienes han perdido a seres queridos por su culpa y una buena venganza sería un gran regalo de agradecimiento por su servicio. Como sea, ya lo pensaré luego, ahora necesito descansar, por lo que, con el cuerpo pesado por el agotamiento, me deslizo hacia la cama y me dejo caer en ella sin ningún tipo de delicadeza, solo deseando poder reponer un poco mis fuerzas.  No soy idiota, no voy a dormirme profundo con ese desgraciado traidor del otro lado de la puerta, a saber lo que está planeando realmente. No me convenció en absoluto con su intento de palabrería, no volveré a caer nunca más en sus embustes, sea cual sea la razón para hacer esto, no me interesa, no pienso bajar la guardia teniéndolo cerca.  Con eso en mente, tomo una aguja, me pincho un dedo y acercándome a la puerta una vez más, trazo un par de símbolos en la madera; un sello mágico para proteger el cuarto: mientras la puerta esté cerrada del lado de adentro y la sangre permanezca en la superficie, nadie podrá ingresar, sin embargo, cuando la limpie de la madera, será como si nunca hubiera hecho nada. Éste tipo de magia, es la única que no requiere de mi fuerza vital ni mi energía, pues solo utiliza el poder existente en mis venas y, cuanto mayor sea el poder de la bruja, más efectivo será el hechizo. Así me aseguraré de que nadie pueda entrar aquí y así podré realmente descansar sin ningún tipo de alteración. Con eso listo, chupo mi dedo para cortar el fluir del escarlata y observo una vez más el cuarto, encontrando ésta vez que aquí hay un baño, lo que provoca que me sienta en necesidad de una ducha. No es que no me haya lavado mientras estuve cautiva, no me dejaron hacerlo yo misma, obviamente era peligroso para ellos el que estuviera libre de alguna forma, no obstante, una mujer lo hizo por mí. No hay muchas mujeres cazadoras, pero ésta parecía una enfermera y se encargaba de mantenerme aseada y curar mis heridas cuando eran demasiado aparatosas.  En fin, el poder ducharme yo misma o, quizás, tomar un baño de inmersión, se me hace tan tentador que no me resisto y simplemente me acerco al cuarto blanco, sin importar ahora cuán adolorida y agotado está mi cuerpo, y acomodo todo para que la bañera impoluta quede llena de deliciosa agua caliente.  En cuanto está lista, le hecho sales de baño de aroma a jazmín, me desvisto y me meto en el líquido cristalino humeante, soltando un gemido de puro placer en cuanto mis adoloridos músculos entran en contacto con la temperatura líquida que ahora los envuelve. Ahora, más relajada, los párpados me pesan todavía más, al punto en que ya me cuesta mantenerme despierta y navego en un estado de semi-inconsciencia, con los objetos difuminándose a mi alrededor, perdiendo sus líneas definidas y haciéndolo parecer todo como un sueño, como en medio de un banco de niebla.  -¿Te sientes mejor, cariño? Esa voz... Me volteo hacia todos lados en la negrura que me rodea, sin embargo, no encuentro el origen, lo cual me perturba un poco, porque sé que ella me está observando, ¿por qué no me deja verla? -¿Quieres que me materialice, no es así? -Sí pudieras... Es extraño el hablar con la nada. Una masa luminosa empieza a crecer frente a mí y a tomar forma hasta finalmente convertirse en la Diosa Luna, la cual me sonríe dulcemente con sus labios de sangre y sus ojos completamente blancos. Su túnica ahora azul junto con su larga melena, flotan a su alrededor suavemente, con gracia, casi como si fueran líquidas.  -Me alegra tanto ver que has recuperado tu libertad. -¿Por qué no me ayudaste a recuperarla antes? No quiero ser irrespetuosa ni que suene como un reclamo, solo intento entender. Estuve meses soportando todo tipo de torturas, rogando desde lo más profundo de mí que escucharas mi llamado, que me ayudaras, ¿por qué no apareciste?  -Mi niña... Su pálida y brillante mano acaricia mi mejilla y una paz se extiende por mi interior desde el punto de contacto, haciéndome sentir mejor casi al instante.  -Lo lamento, realmente que sí, sin embargo, como Diosa, no puedo intervenir en el mundo de los mortales, no importa lo mucho que lo desee. Puedo aparecerme cuando es necesario, mostrarme y hablar como hice contigo, no obstante, no puedo interferir en lo que ocurre. Por eso es que creé a la Bruja Lunar, para así poder participar de alguna manera y ayudar  a los seres de éste plano, a pesar de no poder hacerlo de forma directa. ¿Entiendes? -¿Ni siquiera a mí? -No cariño, es por eso que creé a los guardianes para mis brujas, porque sé que hay oportunidades en las que ellas no pueden solas y necesitan una mano.  -Pues el mío me traicionó. -No voy a negarlo, eres mi portadora con más dificultades hasta el momento, sin embargo, es por una buena causa y tú lo sabes. La guerra debe terminar, mi niña, y para eso es necesario un gran cambio, lo cual nunca es algo sencillo. No puedo negarlo, sé que tiene razón, y aun así, desearía lo contrario.  -No sé si pueda perdonar algo así... No puedo evitar sentir un profundo odio cuanto lo veo, no consigo evitar que lo que me hizo regrese a mi mente una y otra vez. ¿Cómo pudo hacer algo así? Es quien más debía protegerme, y en lugar de eso, me metió en la boca del lobo de lleno.  -Las personas se equivocan, preciosa, comenten errores, nadie es perfecto y él, con sus enseñanzas desde chico, la tuvo muy difícil. Rechazar lo que te han inculcado desde que tienes uso de razón es algo muy complicado, sin importar cuán fuerte suene lo opuesto. -No puedo... Puede que tengas razón, no te contradeciré, mas no sé si podré dejarlo pasar así como así. -Todo pasa, mi niña, ya verás, solo tienes que abrirte nuevamente. Te cerraste por lo que pasó, y no te culpo, fue algo horrible, no obstante, para cumplir tu función como corresponde, deberás dejar que tu corazón vuelva a abrirse. Sé que crees que no es posible, pero créeme cuando te digo que no es así, que podrás y serás de nuevo la dulce muchacha que una vez fuiste.  -Pero... Me sobresalto quedando sentada de golpe y, aunque tardo un par de segundos, rápidamente vuelvo a ubicarme y entiendo que estoy en el cuarto de hotel, en el baño, metida en la bañera con el agua caliente todavía, lo que me dice que no ha pasado mucho. La Diosa Luna decidió hablarme por primera vez en meses y, aunque la sensación de paz que me transmitió aún perdura, la verdad es que no me siento mejor. Aún sentada en el agua, me abrazo por las piernas y apoyo la frente contra mis rodillas que asoman sobre la superficie translúcida. Me siento sola, mucho, extraño a mi madre, a mi padre, a Ari, a Darckwing, incluso a los miembros aburridos del consejo, a ese punto he llegado. Desearía con todas mis fuerzas que nada de todo esto hubiera pasado, mas no puedo cambiar el pasado, créanme, ya lo he intentado (no importa por qué, no viene al caso), el punto es que sé de buena fe que no es posible y que debo aceptarlo, adaptarme y seguir adelante.  Según las palabras de Ayrrick, tenemos mucho camino por delante, eran dos días y medio en auto, y sé que no hemos conducido siquiera doce horas, por lo que todavía queda mucho camino entre nosotros y la seguridad que tanto anhelo.  No tengo fuerzas para crear un portal de agujero de gusano, sigo demasiado débil, y caminar, obviamente, no es una opción, por lo que no me queda otra que seguir con el traidor. Si supiera exactamente dónde nos encontramos, quizás podría robarle las llaves e irme sola, pero siendo sincera, no sé si soportaría hacer todo el camino sola, no estoy en condiciones de conducir tantas horas seguidas como se necesita para alcanzar nuestro destino.  Me siento tan inútil de no tener otras opciones... No sé cuánto pasa antes de finalmente suspirar, terminar de limpiarme antes de que me levante y salga para evitar el agua fría. Hago aparecer un simple camisón cuando ya estoy seca y me recuesto en la cama, dejándome caer completamente agotada, pues luego de tanto tiempo sufriendo, estas pocas horas de ajetreo han sido más de lo que mi torturado cuerpo ha podido soportar.  No tardo nada en dormirme, no obstante, no es precisamente un sueño reparador... En cuanto mis ojos se cierran, las pesadillas de guerra y sangre vuelven a mí, dejándome sentir en mi propia carne, el dolor y el ardor del fuego y las heridas... Puedo escuchar sus quejidos, sus gemidos, otra vez está teniendo pesadillas como todas las noches, y sé que no puedo hacer nada, su mente es quien provoca todo y sé que lo que menos desea es que la despierte; estoy seguro de que mi rostro no es mejor para ella que sus pesadillas del futuro. Paso la piedra de afilar sobre el borde de mi espada y observo el paisaje a través de la ventana, estando atento a cualquier movimiento posible, aún a pesar de estar en un primer piso. Quería en la planta baja para poder tener un escape rápido de ser necesario, sin embargo, no había y tuvimos que tomar una del primer piso. Los cazadores no nos dejarán ir tan fácil, queda muy poco para la Luna Sangrante, y si no tienen a Iriabela para cuando llegue esa noche, es más que obvio que no podrán conseguir su objetivo, sobre todo porque no tienen idea de quién es el designado para poder cortar el ciclo.  No dije nada, pues si hablaba, todo habría durado mucho más para ella, porque sin la persona correcta, el ritual no servirá de nada, ella simplemente volverá a reencarnar y no la matarían, la mantendrían encerrada hasta encontrar a la persona correcta y quién sabía cuándo sería eso. No, preferí mantener mi boca cerrada y esperar; quizás no fue lo mejor que pude haber hecho, sin embargo, ahora estoy enmendando mi error, o eso espero. He traicionado a las personas más importantes de mi vida en más de una oportunidad, ¿qué le espera a alguien como yo en el futuro?
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