Carlos entonces no era tan heterosexual como se creía y quedó demostrado porque como dije antes, para él las cosas también fueron opuestas a como lo pensó. Después de los dos o tres minutos que duró el primer beso se separó de mí para verme fijamente, sin mostrar la mínima expresión y cuando comenzaba a ponerme nervioso y hasta sentir miedo, una sonrisa se creó en su rostro para de inmediato, sin darme tiempo ni siquiera para devolverla, se echó encima de mí vuelto loco. Sus manos se paseaban bruscamente por todo mi cuerpo, desde el cuello hasta la entrepierna, y a pesar de tener quince años y varias parejas sexuales de diferente tipo, no había sentido una desesperación tan profunda. De un momento a otro Carlos me desabrochó el pantalón y se fue directo a mi m*****o para meterlo a su bo

