7 En cambio, yo era más bien el chico divertido. Aunque no popular, mi nombre sonaba para recibir un saludo de vez en cuando y eso a los trece que tenía era importante. Mis amigos que eran por el contrario serios y víctimas constantes de bullying esperaban que llegara el domingo para recibir de sus padres algunos billetes que sería para comprar su comida durante la semana y sin embargo los pequeños descarados lo utilizaban para entregarlo a Ximena. Un día me puse a hacer cuentas. La chica vendía sus besos a tres dólares cada uno. Eran besos largos y lentos, si acaso tres minutos cada día, y los recesos duraban treinta y cinco minutos. Ella siempre tenía chicos esperando así que probablemente ganaría alrededor sesenta dólares en un día considerando que despachaba uno tras otro. Me pareci

