–Wow, se ve que has estado ocupado– hablé al ver su dormitorio desarreglado lleno de papeles y libros esparcidos por todo su espacio. –Sí, uh, lo siento– soltó mi mano para recoger todo en un apuro. –No te preocupes, Dylan– lo tomé del brazo y se detuvo –. No vine para ver tu dormitorio arreglado, vine a verte. Suavizó su mirada y me atrajo hacia él en un tierno abrazo. –No sé cómo logramos no vernos en meses. –Ni yo– suspiré contra su pecho –. Dylan, quiero salirme de la universidad. Me separó tomándome por mis hombros y con una mirada de confusión. –¿Por qué? –No sé, yo– bajé mi mirada y di pasos hacia atrás –, no he querido ir a clases, no me siento emocionada, es todo lo contrario, estoy irritada todo el tiempo y quiero escribir. –Oh, no sabía que te sentías así, ven aquí– me

