Laura había estado estudiando toda esa mañana para prepararse y estar tranquila durante la presentación del examen que tenía en la secundaria, no podía sacar una mala calificación puesto que ya eran sus últimos meses en el curso, de modo que tenía que dar lo mejor de ella para salir victoriosa y finalmente poder avanzar y comenzar una nueva etapa en su vida como lo era la universidad.
No había sido fácil mantenerse con un buen puntaje en sus estudios ya que no era tan buena en algunas materias y varias veces sucedió que reprobó algún examen o informe que le pedían, a pesar de los puntos restantes y todos esos momentos que vivió, no dejó que le afectaran y continuó dando lo mejor de ella para conseguir esa beca con la que contaba para poder cursar los estudios en una buena universidad, y así convertirse en una profesional.
Esa mañana como de costumbre, se había despertado a la misma hora para comenzar a vestirse no sin antes ingresar al baño para darse una corta ducha, tampoco podía excederse puesto que el tiempo estaba contado y siempre se iba de volada, lo mejor era evitar un posible retraso pues podría complicar su día si llegaba tarde a la secundaria; ya había pasado en otras ocasiones que llegaba tarde a la clase de algún profesor y eso no le venía bien ahora.
No se olvidó antes de salir de la casa, pasar por la habitación de su madre quién seguía dormida y encerrada en aquella recámara a oscuras como solía estar luego de tantos años luchando con su problema contra la depresión.
Era como si no existían los avances para su progenitora, quien se había quedado encarcelada en un problema que no tenía solución o era lo que ella pensaba puesto que incluso tomando los medicamentos que el doctor le recetaba, no había ninguna mejoría en ella y con cada día que pasaba la actitud de su madre era peor... más apagada y perdiendo las esperanzas paulatinamente, Laura no quería que llegara al punto en el que ya no quisiera seguir en ese mundo.
De verdad que no quería y no deseaba que su mamá se rindiera tan fácilmente, aunque ahora mismo parecía tirar la toalla cada mañana y cada noche.
—Buenos días mamá, te doy el aviso de que ya me voy para la secundaria y prometo llegar temprano. De hecho hoy no tengo tantas materias en el curso y puedo llegar antes y así preparar el almuerzo contigo —le dejó saber con la intención de animarla un poco, aunque remotamente eso era posible. Ya que en otras ocasiones también lo había intentado y no surgió algún cambio de su parte.
La señora Carolina comenzó a moverse sobre la colcha y abrió lentamente los ojos, se notaba cansada, esa era la apariencia que siempre daba, la de una persona exhausta y cansina. Era algo triste mirarla de esa forma, pero ya no sabía qué otra cosa hacer para cambiar el hecho de que su mamá estaba en las garras de la depresión y todo a raíz de aquel fatídico accidente que le arrebató la vida a su padre.
—Laura, ya sabes qué últimamente no he querido comer nada, déjame quieta aquí... descansar un poco —le expresó en respuesta antes de volverse acurrucar para dormir como si nada.
Entonces la joven volvía a marcharse de aquella habitación a sabiendas de un intento fallido más que se sumaba a todo lo que había hecho con tal de convencer a su madre de seguir adelante y finalmente pasar esa página en la que se había quedado estancada por tantos meses.
A ella también le dolía muchísimo la pérdida de su papá y no había un día en que no le extrañaba, de hecho había sido una persona muy apegada a su progenitor y lo echaba un montón de menos, pero sabía que no podía retroceder el tiempo o cambiar el hecho de que ya no estaba entre ellas, aunque para ella siempre estaría en su corazón, además tenía presente las palabras de su papá que en una oportunidad le mencionó que pasara lo que pasara él siempre iba a permanecer con ella a su lado y hasta el momento seguía con ese pensamiento en la cabeza que le daba fuerzas y la ayudaba a mantenerse en pies.
Ojalá su mamá también lo hiciera.
Ya se encontraba de camino a la secundaria, por fortuna puedo coger el bus escolar a tiempo y quedarse relativamente temprano a las afueras de lugar en donde cursaba sus estudios, cómo era de costumbre a las afueras del enorme dificio o de los varios edificios que conformaban la secundaria The Rose, así que podía respirar tranquila a sabiendas de que entraría justo a tiempo a la primera clase asignada.
El lugar era grande y los edificios estaban pintados de un color beige pero debía admitir que tenía un diseño bastante moderno y eso lo hacía un sitio atractivo. Del tamaño no se podía quejar pues era bastante grande a diferencia de la anterior secundaria en la que estuvo hasta el segundo año.
Ser una chica solitaria era lo que la diferenciaba del resto de los estudiantes de ahí, ya que si miraba a un lado o al otro, iba a encontrar a grupos de supuestos amigos quiénes siempre compartían el receso o la hora antes de la entrada, pero ella en cambio caminaba entre la multitud sin tener la necesidad de saludar a alguien, pero tampoco dejaba que eso le afectara, siempre había sido tan distante y alejada de los demás que ya eso formaba parte de su sistema y le parecía algo normal.O eso intentaba aparentar, que no le afectaba en absoluto estar sola.
Nada fuera de lugar, hasta que mientras atravesaba el pasillo de la secundaria escuchó a través de los altavoces la voz profunda y fuerte del director quien daba el aviso de dirigirse a la cancha.
"Atención, estudiantes de todos grados y secciones, tengo el honor de comentarles sobre la visita del señor Sebastián Boseman a nuestra secundaria por favor dirigirse a la cancha y esperar allí, gracias".