La preocupación de mi madre me hacía dudar de mis propias decisiones, cosa que no me gustaba, pero tenía razón. Tenía que andar con cuidado a cada paso que daría. - Mamá, estaré bien. Me van a cuidar como a una más de ellos, no lo dudes –intenté calmarla. - Desde que Pablo ya no está has cambiado mucho, casi no te reconocemos hija –se volvió a sorber los mocos, llevaba ya un rato así, cosa que no entendía. - Por favor, deja de mencionar a Pablo porque no es necesario… y la gente cambiar por cualquier cosa, no solo por ser viuda. Así era, con 22 años que tenía era viuda. Mi marido murió hace dos meses en un accidente de trabajo y mi vida había cambiado completamente. Pero lo que menos necesitaba ahora mismo era que mi madre me lo ande recordando cada vez que llora conmigo al teléfono.

