Dos lobos avanzaron hacia Freya, agarrando sus manos y llevándolas hacia atrás para atarlas. A pesar de su resistencia, ella luchaba por liberarse. En medio de su forcejeo, Palas se acercó y le propinó un golpe en el rostro con la pistola que sostenía. —Eres una cobarde, ¿por qué no peleamos de loba a loba? Tienes que necesitar ayuda de tus secuaces para vencerme —expresó Freya, escupiendo sangre. La culata de la pistola le rompió la boca. —¿Crees que soy tan estúpida como Pirro, que pensaba que solo podía con tu loba? No, no, no, Freya. Yo no soy tan ingenua como él —miró a los hombres que habían amarrado a Freya—. Vamos al acantilado, allí le dispararé y la tiraré al río para que se termine de morir ahogada. Los hombres caminaron arrastrando a Freya, quien luchaba desesperadamente por

