Capítulo 35

1244 Palabras

Damara recibió la noticia de la llegada de tres niños a la mansión. No perdió tiempo y se dirigió con rapidez hacia ella, al llegar subió las escaleras, sentía una presión en el corazón. En el pasillo divisó a Lucía en la entrada de la habitación y no pudo contener su ansia y le preguntó. —¿Dónde están? Quiero verlos. —Están descansando, señora. Con cautela, Damara abrió la puerta de la habitación, camino hacia la cama, y su mirada se posó en los rostros de los niños. Una sonrisa emocionada iluminó su rostro al instante, pues no había duda alguna: eran sus nietos. El varón, con sus rasgos, le recordó la imagen viva de su propio hijo cuando este era apenas un niño que dormía en sus brazos. Conmovida, Damara caminó y se acomodó en un sillón frente a la ventana, esperando pacientemente a

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