Crono, al observar a su esposa retirarse de la habitación, lanzó una mirada inquietante a Palas sin pronunciar una sola palabra. Un silencio tenso se apoderó del espacio, y ella tragó saliva, percibiendo por primera vez la oscuridad que se reflejaba en los ojos de él. — Crono, por favor, no me mires así. No me juzgues, mi amor —murmuró Palas con un nudo en la garganta. — Habla. ¿Cómo he llegado a este estado? —Crono empezó a recobrar el control de su cuerpo, moviendo lentamente sus manos en un gesto de autoridad. —exigió respuesta con el semblante rígido. — Crono, después de la cena, empezamos a beber y las cosas se descontrolaron. —ella, con nerviosismo, comenzó a relatar—. Nos besamos y, bueno, la situación se intensificó. Terminamos desnudos y nos entregamos el uno al otro. —Te amé

