El decreto de su derrota

1418 Palabras

Media hora después, tocan a mi puerta. ―Vicky, soy yo, ábreme por favor. A escuchar su voz comienzo a sentir ese cosquilleo característico que se desata en el fondo de mi estómago al ser consciente de su presencia. ―La puerta está abierta. Le indico mientras doy los últimos retoques a mi maquillaje. Me vuelvo a mirar en el espejo y repaso las manos por el contorno de las curvas de mi cintura, porque lo que veo en la imagen me deja satisfecha. ―Quieres beber algo, cariño. Estoy tan nerviosa, que quizás un trago sea lo más oportuno para mantener mis nervios a raya. ―Sí, por favor. Este vestido me encanta, pero siento que cometí una gran equivocación al elegirlo para esta velada. No quiero repetir la misma experiencia que sufrí la vez que quise usarlo por primera vez. Suelto un suspi

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