Capitulo 2.
Infortunio.
Las lágrimas se desbordan por el rostro de Samira, mientras forcejea siendo llevada lejos de la escena atroz que marca su vida.
En la casa de los Black, todos siguen celebrando, Lorenzo sostiene a su hijo en brazos elogiando sus logros académicos, cuando ve llegar a uno de sus hombres de confianza muy asustado y afanado.
— Señor…— Exclama él hombre enviando una señal de tensión y peligro.
Al verlo, Lorenzo se aparta de los invitados y lo sigue hasta su lugar.
— ¿Qué pasa Fernando?
— Señor, es el señor Samir, sufrió un atentado en medio de la carretera señor, fue una emboscada, lo estaban esperando señor.
— ¿Qué quieres decir Fernando? ¿Todos están muertos?
— No sabemos señor.
— Prepara las camionetas, saldremos de inmediato.
— Si señor.
Al moverse, Lorenzo no da explicaciones, se despide de los presentes y se marcha con premura encontrándose con Tomás al salir.
— Lorenzo, Lorenzo Samira.
Al ver a la pequeña herida e inconsciente, Lorenzo se desespera, la toma en sus brazos y la lleva adentro.
— Fernando, un doctor, rápido.
— ¡Aaah! ¿Qué le pasó? ¿Qué está pasando Lorenzo?—Expresa angustiada
— Ahora no puedo explicarlo cariño, dejemos que él doctor llegue, démosle espacio.
Todos ven con pesar a la pequeña sobre el sofá inconsciente mientras la noticia de la perdida de sus padres se esparce con rapidez.
*
Todo ha Sido tan rápido, Lorenzo se siente desecho al despedir a su mejor amigo, amigo y hermano, un golpe duro que arrebata su alma dejándolo en pena. Un funeral donde la desdicha se puede sentir, se han ido grandes amigos, familia y increíbles seres humanos dejando a una pequeña desamparada y sin hogar.
— Papá, mamá, vuelvan, no me dejen, no me dejen, vuelvan…
Los gritos se Samira destrozan el corazón de todos los presentes, Elian la intenta consolar sin éxito, mientras que el abogado discute el curso de su vida con su nuevo tutor.
— Le han dejo todo señor Lorenzo, y a usted le cede el 15% de sus acciones en la empresa para que vele por ella señor, es su última voluntad, que usted cuide de Samira y cumpla con sus alianzas y sus promesas de protegerla a toda costa.
Lorenzo ve los documentos en sus manos y el alma le pesa, le ha dejado una dura tarea de criar a Samira.
— Samira cariño, ven con tu tío querida.— La pequeña se abraza a su único conocido que le da confianza sujetando siempre la mano de Elián en todo momento, su mejor y más grande amigo.— No llores más cariño, no estás sola, ahora tú eres parte de la familia Black, te juro que te voy a proteger y cuidar como si fueras mi propia hija.
— Quiero a papá y a mamá.
— Lo sé querida, pero no te preocupes, ellos siempre te estarán cuidando y velarán por ti desde el cielo, ahora tendrás a la tía Eliza, a Elián y a mí, juntos seremos una gran familia, ¿Está bien?— Ella asiente con nostalgia.— Bien, vamos a casa.
*
La partida de que más ama la sumerge en depresión, pese al amor que le dan en casa de los Black, la enorme habitación que tiene, los lujos, la compañía de su mejor amigo Elian y el amor que le da Eliza y Lorenzo, Samira se siente sola, un vacío imposible de llenar, no hay día que no extrañe a su padre y volver a la escuela solo empeora las cosas.
— Es una huérfana, ya no tiene padres.
— La dejaron por gorda, se mataron por la vergüenza de ser sus padres.
— Así, quien quería ser su padre, que horror.
— Miren, va rodando.
Samira al ver que muchos de sus compañeros se burlan de ella, corre asustada y muy dolida cayendo en el pasillo, lo que la convierte en la burla de todos.
— CÁLLENSE…— Elián aparece como de costumbre para protegerla.— Si vuelvo a ver qué se meten con ella, sus padres estarán en problemas, no olviden la influencia de mi padre, no me provoquen.— Todos se callan temerosos de Elián, quien se agacha a recoger a Samira.— Ven, vamos a casa.
Ambos salen juntos apoyado uno del otro, una unión fuerte desde muy pequeños, son como sus padres, amigos, hermanos, un lado los une siempre y es lo que motiva a Elián a protegerla desde muy pequeña.
*Años después.
— ¿Quién querría salir contigo? Eres una gorda fea, nadie se fijaría en ti, si no fuera por Elián todos te despreciaran, no eres más que una recogida de la familia Black.— Las chicas se burlan de ella.
— Es evidente que se muere por Elián, es una tonta si cree que Elián la vera con ojos de amor.— Exclama otra soltando veneno mientras Samira de tan solo 15 años, tiembla en el suelo.
— Ella jamás podrá superar a Abril, Elián la ama, así que deja de interponerte entre ellos, busca un camino y piérdete.— Le arrojan el jugo en la cabeza mojándola por completo.
Samira se enfrenta a burlas constantes y acosos, tiene miedo de todos, odia la escuela y desde que Elián empezó la relación con Abril, todo se volvió un infierno para ella, ya que a Abril se siente amenazada, creyendo que Samira le roba la tensión de Elián y eso motiva a sus amigas a molestarla con constancia.
Samira se levanta entre lágrimas, toma su bolso y camina a la salida rumbo al baño pasando frente a Elián quien está con Abril besándose, una escena que la hace detenerse por unos minutos, notando al joven más guapo del instituto, el más popular, su mejor amigo, su protector y su refugio, el chico que desde hace un tiempo a empezado hacerla sentir cosas que intenta evadir, sentimientos que intenta borrar, sabiendo que él jamás la vería con otros ojos, ellos son mejores amigos y nada más.
Al notarla, Elián le hace una señal para que se una a él y a sus amigos, acción que Samira ignora alejándose rápidamente para encerrarse en el baño como hace en algunas ocasiones, entrar a un cubículo, bajar la tapa del inodoro y se sienta sobre el, abrazada a sus piernas hasta que suena el timbre para ir a la siguiente clase. Ella a pesar de todo tiene una promesa que cumplirle a su padre, siempre seguir con los estudios, sin importa lo que pase, ella tiene un futuro por delante, ella debe dejar el nombre de su familia en alto y seguir su legado, llevando las riendas de sus empresas.
— Samira, ¿Estás ahí?
Samira guarda silencio, tratando de ocultarse de Elián, quien siempre tiene la necesidad de protegerla.
— Samira, sal, se que estás ahí.— Samira sale muy tímida y mojada de jugo.— ¿Quién demonios te hizo esto?
— Nadie, Elián estoy bien.
— No, no es así, pagarán por esto, ya verás, vamos a casa, ven...— Elián la cubre con su abrigo y la lleva a la salida para llevarla a casa a salvo.