—¿Qué es eso que te permitió hacer la monjita para lograr ese cambio? —Me preguntó Gelys en tono de malicia, pero con doble sentido. Me sonreí, ya que pese a tanto contratiempo, no todo es tan malo en esta condenada vida. Este es uno de esos momentos que compensa cualquier situación de estrés que hubiera pasado minutos atrás. —Nada que no sea imponerme —Le dije mirando al frente—. No es fácil la mujercita. Quien crea que por aparentar ser como creíamos sumisa o dócil, acabo de comprobar que no es así. Es dura, aunque no difícil de persuadir. Vi que su padre es su debilidad. Por ahora me toca agarrarla por ahí, ahora me las ingeniaré cuando el viejito colgué los guayos. —¿O sea, que te pusiste formalmente los guantes? —Los guantes, la armadura y todo el equipo de protección porque voy

