Llegué al club una hora después. Como siempre que lo he encontrado las últimas veces que he venido, también en esta ocasión estaba atestado de clientes. Por lo menos en la entrada y sus alrededores no había espacio lo suficientemente libre. —Buenas noches, jefecito —Me saludó Diego apenas bajé el vidrio de mi lado cuando me detuve en frente de la entrada principal del Night Club. —¡Qué más Diego! —Le dije de vuelta—. ¿Cómo va el movimiento? —Le pregunté a sabiendas de la situación que debía controlar pues muchas de esas personas insistían en adelantarse para ocupar los primeros lugares de la fila para ingresar. —Cómo ve —Dijo al tiempo que desplazó la mirada alrededor—, esto es ya común noche tras noche —Adujo Diego imitándome—. No sé qué brujería está haciendo Ismael pero le está dando

