Sumida bajo la más profunda de la desesperación, me mantuve parada a un lado en un rincón en la habitación de mi padre mientras Meriam intentaba ayudarlo a recuperarse de el ataque respiratorio que le dio de repente mientras conversábamos. Desde mi distancia vi que la chica hizo un esfuerzo enorme para lograr por lo menos estabilizarle la respiración a un nivel que ella consideró óptimo, no el ideal, pero sí uno que le permitió movilizarse para llamar al doctor de cabecera de mi padre y a una ambulancia de acuerdo a las indicaciones que le dio el doctor. Por las condiciones en las que él se encuentra mi padre no es que fueran a sacarlo de la casa a algún centro de salud. No, ya no tenía caso hacerlo sino para que los paramédicos lograran practicarle algunas maniobras que le permitieran lo

