Llevado por el deseo, tomados de la mano, la guié hasta la habitación. Llegados al pie de la cama, en silencio, quedamos uno frente al otro, la miré a los ojos y tuve que reconocerlo, estaba nervioso. Solté su mano al sentirme inquieto. Pese a que mi mayor deseo era tenerla nuevamente conmigo, no solo en esta faceta sino en todo momento, tenerla y sentirla mía me era indispensable para estar en paz. No lograba entender por qué razón, pero hasta ese momento fui consciente de una emoción que me sobrepasaba y me hacía actuar inseguro, sin saber qué hacer o cuál paso dar. La inocencia de su mirada me desestabiliza, no por intimidación, sino por prácticamente recordarme que ella es diferente, siempre lo ha sido, y por serlo aunque la necesite de manera desesperada sabía que debía ser sutil,

