― ¡¿Qué?! ―exclamé atónita
―si Roberta, quiero que seas mía antes que, de él, por favor, si me amas lo harás
―Erick te amo… tú sabes que te amo y deseo mas que nada ser tuya, pero…
―pero que Roberta
―él sabe que soy virgen
―eso no importa
―claro que importa Erick y si cancela el contrató… aun no sé cuáles serán las cláusulas y si las rompo podría correr el riesgo de no ser libre nunca más
―lo sé, pero no soporto la idea de que seas de alguien más antes que mía ―exclamó tirando de su cabello
―Erick… tranquilízate por favor ―dije, me acerqué a él y tomé su rostro entre mis manos
―no puedo hermosa, siempre creí que yo sería el primer hombre para ti
―yo también creía eso, pero el destino nos ha dado otro rumbo
―déjame por lo menos saborear tú cuerpo ―exclamó acercándome mas a él y besando mi cuello ―déjame sentir que, aunque estes con él, solo eres mía ―yo solté mi relaje mi cuerpo entre sus brazos y dejé que me besará me cargó y me llevó al sofá, cada besó, cada caricia de él provocaba que mi cuerpo se encendiera, que quemará de placer. Bajo mi blusa y comenzó a besar mis pechos con desespero apretándolos fuertemente, yo solté un quejido de dolor y le pedí que parará
―Erick, me… me estas lastimando.
……..
Erick
―lo lamento… lo lamento hermosa, pero es que me vuelves loco ―le dije sin dejar de besarla, pero tratando de ser menos brusco, besé cada parte de ella hasta llegar a su ombligo, quité toda su ropa y comenzó a besar sus pies y subir lentamente hasta quedar en medio de ellas, primero la acaricie suavemente con mis dedos y pude sentir su cuerpo estremecerse ante mi toque, así que acerqué mi boca y comencé a succionar su hermoso botón rosado, hasta que su cuerpo se arqueó y un gran gemido salió de sus labios, vi como su cuerpo brillaba a la luz de la luna cubierto de una ligera capa de sudor que la cubría, y sus piernas chorreaban de ese mágico liquido que era parte de su primer orgasmo.
La observe unos minutos y vi como ella permanecía con los ojos cerrados, disfrutando aun de las sensaciones nuevas en su cuerpo, saque mi p*ne de mis pantalones y lo acerqué a su entrada, miré como al instante su cuerpo se tenso y ella me miro, pero esta vez su mirada no era de miedo, era… era como una súplica, así que paré, lo hice tanto por ella como por mí, porque no quería perderla y que quedará atada para siempre a Alexander.
―lo siento ―le dije y dándole un beso en la frente, me levanté ― ¿te gusto? ―le pregunte y sus mejillas se sonrojaron
―si ―me respondió casi en susurro
― ¿nunca te lo habían hecho?
―no
―entonces tengo la dicha de ser el primero en probarte ―exclamé sonriendo y la abracé contra mi pecho, eso noche nos quedamos juntos observando la luna y el hermoso cielo estrellado, tenía miedo de soltarla por que sabía que podía perderla, pero era necesario sabía que después de esa noche no podríamos estar juntos, por lo menos no en seis meses, así que la abracé… la abracé fuertemente hasta el amanecer.
………
Alexander
Cuando desperté, fui a su habitación, pero ella no se encontraba
―Nancy ¿Dónde está la señora?
―creo que no regreso desde ayer señor ―cada vez me sentía más seguro de que ella nunca me amaría, por un tiempo pensé que lograría abrir su corazón de la manera mas atenta, siendo lo que ella necesitaba, su amigo, su enamorado, e hice todo lo que ella quería, pero nada… nada fue suficiente para ella, siempre lo busco a él, seguramente había ido a entregarse a él antes que a mí, eso me mataba de rabia.
Me senté en mi despacho mientras me servía un vaso de wiski
―beberá sin desayunar señor
―eso no es de tu incumbencia, ya respondiste lo que quería saber, así que ya puedes retirarte
―si señor ―exclamó Nancy cerrando la puerta detrás de ella. llame al abogado le dije que preparará el documento y viniera.
Al poco rato llegó ella, escuché el sonido de sus tacones al entrar
― ¡Roberta! ―le grité desde donde me encontraba, escuché el sonido detenerse y luego dirigirse hacia mí, abrió la puerta y entro, tenía puesta la misma ropa que el día anterior y su maquillaje estaba deteriorado
― aquí estoy
―espero hayas disfrutado tu noche ―expresé bebiendo de mi vaso, y ella guardo silencio ―ve a bañarte y arréglate, pronto vendrá el abogado y la señora de Morel no debe parecer una pordiosera ―ella asintió y se giró para retirarse ―ha y Roberta ―dije haciendo que detuviera sus pasos ―esperó lo que hayas hecho a noche no te acarree consecuencias ―ella siguió sin responder y se fue.
Cuando el abogado hubo llegado, la mande a llamar, traía puesto un vestido blanco con rosas discretas, era ajustado de arriba y se ampliaba de abajo, le daba arriba de las rodillas, su cabello suelto y con ondas perfectas un maquillaje sutil, pero perfecto, se miraba completamente radiante y hermosa
―Roberta, él es el abogado Thomas ―dije presentándola
―mucho gusto señora Morel ―dijo él besando su mano y sin apartar la mirada de ella, era evidente que había quedado encantado con su belleza, carraspee un poco la garganta y enseguida la soltó ―aquí esta lo que me pidió señor Morel, revíselo para asegurarnos de que esté perfecto ―lo tomé de sus manos y revise cada una de las cláusulas, cuando hube terminado se lo di a Roberta
―fírmalo ―le ordené, pero antes de hacerlo ella comenzó a leerlo, el documento decía lo siguiente:
yo Roberta Rose Bill, en pleno uso de mis facultades mentales firmo un acuerdo con Alexander Morel, en el que estaré completamente a sus órdenes y disposición durante seis meses, y durante ese lapso de tiempo, no podré tener ningún tipo de relación con otros hombres, también dormiré todos los días en su cama y lo acompañaré a cada reunión como su legitima esposa, cumpliendo también con la consumación de nuestro matrimonio en el que entregaré a él mi virginidad, si en algún momento alguna de estas condiciones es quebrantada, así sea de la más mínima manera, él contrató quedará completamente anulado, perteneciéndole a él para siempre.
vi como una lagrima rodo por su mejilla y al tomar el bolígrafo su mano temblaba
― que ¿acaso ya no cumples con alguna cosa estipulada? ―exclamé, pero aun así ella firmo
―bien, solo falta la firma de usted señor Morel y todo estará listo ―dijo el abogado, tomé el bolígrafo y firme ―bueno eso es todo, ahora me retiro ―el abogado salió de mi despacho dejándonos solos, tomé fuertemente a Roberta de la mano y casi la arrastré a mi habitación, pensé que se quejaría o diría algo como siempre lo hacía, pero ella siguió guardando silencio, hasta que la arrojé a la cama
―que… ¿Qué me harás?
―comprobaré que cumplas todas las cláusulas del contrató
―no por favor, dame, aunque sea un día mas para prepararme, por favor Alexander
― ¡No! Por que te fuiste anoche… fuiste con él verdad ¡Contéstame! ―le grité tomando su rostro para que me mirará ―¡que me respondas!
―si… si fui a verlo, pero te juro que no hice nada con él, por favor Alexander créeme, dame un día mas
― ¿para que quieres un día más? ¿me engañaras? Dime ¿Cómo lo harás?
―no, no te engañaré, solo quiero prepararme mentalmente
―no Roberta, no tienes nada que prepararte si ya te entregaste a alguien más, dime, ¿Cómo te lo hizo? ¿lo disfrutaste?
―si no me crees por que me dejaste firmar el contrató
―porque así me pertenecerás para siempre, nunca podrás divorciarte de mí, solo me falta comprobar lo que ya ambos sabemos ―abrí mi pantalón dejando salir mi enorme p*ne erecto, y mientras sostenía las pequeñas manos de ella con mi otra mano, lo apunté en su canal
― ¡No Alexander! Por favor me lastimaras ―podía escuchar como sollozaba con miedo, pero la sola idea de que había pasado la noche con alguien más me enfurecía demasiado, así que sin importar sus suplicas me introduje en ella causando que un desgarrador grito saliera de su boca, saqué rápidamente mi m*****o y lo mire manchado de sangre, entonces me di cuenta, me había equivocado… ella no me había mentido