Una pequeña esperanza

1195 Palabras
Erick Tenía días que no la veía, sentía que me estaba volviendo loco y las clases se me hacían eternas, el último día que la vi quería correr detrás de ella, pero debido a la intensidad dentro de mis pantalones no pude hacerlo —Lessa — dije dirigiéndome a mi prima ― ¿Qué sucede Erick? —Tú... tú sabes ¿por qué no ha venido Roberta? —le pregunté nerviosamente, intuyendo su respuesta burlona, que me hizo arrepentirme inmediatamente ―nunca antes me habías preguntado por alguien ¿tan interesado estas en ella? ¡así!… eso en tus pantalones lo dejo muy claro el otro día —shhh… olvidaba lo irritante que eres ― a lo mejor la espantaste primo ―dijo riéndose, mientras yo me retiraba de ella ―ahora ¿Cómo haré para saber de ella? ― ¿de quién? ―dijo mi compañero de cuarto, también mariscal de campo, pasando su brazo por mi hombro ― de nadie… y quita tu sudoroso brazo de mí ―dije arrojando fuertemente su brazo ―esta bien… esta bien, parece que hoy alguien está de mal humor ― qué bueno que lo notaste ― le dije alejándome inmediatamente de él .......... Roberta Mi madre me llevó a la cabaña de rose bill, era la cabaña de la familia, tenía años sin ir. aunque a lo que fuimos no fue nada agradable, mi padre nos estaba esperando, su semblante era diferente se miraba pálido y triste, lo que nos dijo nos desmoronaría. Él... él nos dijo que estaba muy enfermo, que llevaba años así, pero no le había tomado mucha importancia, después de mucho tiempo decidió ir a consultar, el doctor le dijo que no le quedaban muchos días de vida, tenía amiloidosis y estaba muriendo, mi madre se desmayó ante la impactante noticia, pero no pensábamos darnos por vencidos, buscaríamos otras opiniones, así que tenía tres días que íbamos de un doctor a otro buscando una esperanza de vida para mi padre, el último doctor al que vimos, nos la dio —Señor Robert ¡Buenos días! —dijo un doctor no muy viejo, como de unos cuarenta años —he revisado su caso, es muy difícil su enfermedad está muy avanzada, ha acabado con la mitad de sus órganos, ¿por qué no vino antes? —no tenía tiempo doctor, estaba... estaba muy ocupado —dijo mi padre muy triste mientras apretaba fuertemente la mano de mi madre —necesitamos hacerle unos estudios, para saber más a la perfección la gravedad de su enfermedad—lo internaron en la mañana, para la tarde ya estaban listos los resultados del laboratorio —señor Robert, efectivamente los estudios mostraron un gran avance de su enfermedad, pero hay una buena noticia —díganos doctor, haremos lo que sea —dijo mi madre —hay un hospital que está haciendo pruebas en pacientes como usted, parece ser que muchos se han recuperado, les daré la dirección —dijo sacando una pequeña libretita de su escritorio —gracias doctor —dijo mi madre y nos dirigimos rápidamente al hospital que nos dijo el doctor, en la entrada había un enorme letrero que decía hospital Morel, los Morel eran la familia más rica de todo París, colocándolos entre los más Millonarios del mundo, nosotros a pesar de tener dinero no éramos nada a lado de ellos. Entramos el olor a lejía era muy fuerte, y todo estaba perfectamente en su lugar, cuando llegamos una amable recepcionista nos pidió nuestros nombres y nos dijo que esperáramos un momento llevándonos a una sala con cómodos sillones color beige. Por fin llegó el momento de pasar, ese doctor no fue tan amable como el anterior, se limitó a revisar los estudios de mi padre y le dio unos frascos de medicina. Al salir la recepcionista le dijo que tenía que volver la semana siguiente, y que la consulta como el medicamento se cargaría a la cuenta de mi padre, que habíamos dado cuando llegamos. Yo rogué en mis adentros que el tratamiento funcionara. Mi madre por otra parte no confiaba en un medicamento experimental —Robert, y si buscamos otras opciones… no sé otro hospital —Marian está es la mejor opción ― pero no es un medicamento seguro, tú… tú no eres un animal de laboratorio Robert —¿ese es el problema Marian? ―dijo mi padre acariciando su rostro —si… yo solo quiero que tu tengas la mejor atención Robert, no quiero perderte —Marian por favor no te preocupes, veras que todo saldrá bien, ni tú, ni Roberta tienen nada de qué preocuparse —eso espero Robert —yo también papá —le dije y lo abracé fuertemente. Al día siguiente me tuve que ir a la universidad, no podía seguir faltando, pronto comenzarían los exámenes, me senté en una de las primas bancas como siempre, pero esta vez no pude prestar atención, la idea de perder a mi padre me atormentaba ―Roberta ¿estas bien? ―me preguntó el profesor Alexander, cuando salía del aula ― si profesor estoy bien ― perfecto, pero si algo te ocurre quiero que sepas que puedes contar conmigo para lo que sea ―dijo tomando mi mano, era extraño, casi se sentía como un coqueteo ―gracias profesor ―le respondí separando rápidamente mi mano de él. …………… Erick Observé como el profesor la tomó de las manos, como hombre pude deducir que ella le gustaba, le gustaba tanto como a mí. Camino hacia el comedor y la vi sentarse en un rincón sin siquiera tocar la charola de su comida ―Hola… ¿te acuerdas de mí? ―le pregunté sentándome al frente de ella ―si… Erick ¿verdad? ―si… ― un silencio incomodo prosiguió ante mi respuesta, "como puede ser posible que me congelé ante esta chica" me recriminé ― dime ¿te gusta la escuela? ― "la escuela… que pregunta tan estúpida, no somos niños de prescolar para preguntar eso" me dije, pero luego vi que logré sacar una sonrisa de sus bellos labios ―si… me gusta ―contestó aun sonriendo, se que no lo dijo, pero igualmente pensaba que era un estúpido ― ¿Por qué no habías venido? ―pregunté solo para ver sus lindos ojos humedecerse ― lo siento… no quería… no quería ―no sabía que decir, no había preguntado nada fuera de lugar ―No… no… no eres tú, solo que mi padre… él está muriendo ―al instante las lagrimas comenzaron a caer por sus mejillas, me levanté de mi lugar, fuí hacia ella y la abracé contra mi pecho ― no te preocupes todo estará bien ―No… no Erick, no estará bien, no le dan esperanza… no sé… no sé que haré si le llegará a pasar algo ―No hay nada que puedas hacer, mas que tratar de ser fuerte, si él te ve tan afectada solo se pondrá más triste ―No sé cómo… no sé ser fuerte ― de repente su celular sonó, no supé quien era, pero rápidamente ella se levantó de su silla y sin decir nada se fue corriendo.
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