Alexander
Salí de la habitación y me metí a bañar, había sido un día muy agotador, disfruté como el agua caía por todo mi cuerpo, y recordé a Roberta temblar cuando pensó que yo me aprovecharía de ella, de que ya es mi esposa.
Sanar su corazón iba ser difícil, en verdad me odiaba y me temía, y yo no entendía por qué. Terminé de bañarme y me envolví en una toalla, pensé en ir a verla, pero se asustaría si me miraba medio desnudo, así que fui a la otra habitación tome ropa y me vestí, mi estomago gruñía, imagine que ella estaría con hambre al igual que yo, así que fui a verla. Cuando abrí la puerta de la habitación, pude observar las botellas de champagne vacías y a ella en el suelo profundamente dormida, con su vestido de novia aún puesto, ese vestido era muy provocativo, nunca creí verla vestida así, la tomé en mis brazos con cuidado y la acosté en la cama, luego busqué un pijama y me dispuse a cambiarla. Con cuidado quité su vestido, “diablos” su cuerpo era perfecto, tal como la imaginé, su piel se erizó al sentir el aire frio, así que corrí a serrar la ventana, pero en el camino tropecé con la mesa donde se encontraba la hielera y esta cayó al suelo produciendo un gran estruendo al quebrarse.
― ¿Alexander? ―serré los ojos al escuchar su voz, sabía que pensaría lo peor de mí, y como no lo haría, si ella se encontraba desnuda en la cama y yo la había dejado así, giré lentamente esperando que me gritara o arrojara lo que tuviera cerca, pero ella se cubrió con la manta y se había vuelto a quedar profundamente dormida, di un gran suspiro y me apresuré a vestirla.
……….
Roberta
Cuando me desperté, me sentía mareada, con nauseas, y no recordaba cómo había llegado a la cama
―ayyy ―me quejé apretando mi cabeza ―juro que nunca en mi vida volveré a beber tanto, siento que moriré ―exclamé y me levanté de la cama para ir al baño, cuando noté algo raro, tenía puesta un pijama
― ¿en qué momento me la habré puesto? ―me pregunté ―definitivamente no volveré a beber tanto, parece que padezco de Alzheimer, no recuerdo nada.
Me metí a la tina, y sin darme cuenta volví a dormirme, unos golpes en la puerta me despertaron
― ¡Roberta! ¿estas bien?
―sí… si estoy bien
―apresúrate por favor, por que hoy empezaremos nuestro recorrido
― ¿recorrido?
―si, he planeado todo un día juntos, iremos a todos los lugares mas hermosos de las islas
― ¿es enserio? ―dije dejando caer mi cabeza hacia atrás, me sentía horriblemente y nada más de pensar que tendría que caminar ya me dolían las piernas
―por que acaso ¿no te gusta la idea?
―puedo decir que no
―no… no puedes, y no te preocupes ya mandé a preparar algo para tu malestar ―como sabe de mi malestar ¿acaso él?... ―Alexander… tú… tú fuiste quien… quien me puso el pijama ―exclamé tragando saliva, habrá sido capaz de desvestirme, si es así que mas me habrá hecho, ¿su comprensión habrá sido solo una treta para hacerme algo cuando yo me confiara?
―no… tu misma te cambiaste, yo solo te di el pijama
―entonces tú… ¿me viste desnuda? ―sentí un calor subir hasta mi rostro de tan solo pensar que Alexander me hubiera visto desnuda
―no… solo te di el pijama y me fui
― ¿seguro? ¿no mientes?
― no… ahora apresúrate, en el closet encontraras ropa y todo lo necesario para arreglarte
―gracias… Alexander ―escuché sus pasos alejarse, y salí de la tina, entré a la habitación y abrí el closet, tomé unos pantalones color caqui, una camiseta blanca ajustada y unos tenis, amarré mi cabello en una coleta, agarré un sombrero y unas gafas de sol
—¡estoy lista! –exclamé, Alexander me examinó de arriba abajo y sonrió, el vestía al igual que yo unos pantalones color caqui, y una camiseta blanca que dejaba ver sus marcados pectorales
—pareciera que nos pusimos de acuerdo —dijo y me invitó a sentarme en la mesa, donde había todo tipo de comida, sentía tanta hambre que pensé en devorar todo, pero él puso delante de mi un tazón de fruta, uno de avena, ensalada y unas botellas de electrolitos.
—¿Qué es esto? —dije sorprendida mirando lo que había puesto enfrente de mi
—esto te servirá para curar tu resaca
—pero yo quiero de eso —exclamé señalando los otros platos que se miraban exquisitos mientras hacia un puchero
—lo comerás
—¿enserio? —dije tomando uno de los platos de carne, pero el me detuvo
—si, lo comerás cuando tu resaca haya mejorado —tomé los cubiertos y de mala gana comí lo que me dio.
Cuando hubimos terminado bajamos al último piso en el elevador y caminamos hasta su coche, Alexander era atractivo, podía notar como todas la chicas lo miraban y le sonreían donde íbamos pasando, pero el no soltaba mi mano
………..
Alexander
Ella era verdaderamente bella, aun con esos pantalones llamaba la atención de todo quien la veía, me sentía orgulloso de ser su esposo, aunque ella no me correspondía.
Sentí que fue un triunfo ganado, cuando la tomé de la mano y ella no la alejó de mi. Ese día la llevé a una excursión a la caldera de Santorini, era gracioso verla descansar casi cada metro
—creo que sería bueno que practicaras de vez en cuando un deporte —le dije riendo
—no… no lo… necesito
—claro que sí, a este paso llegaremos en dos días
—entonces cárgame
—que, ¿no decías que si podías?
—Mentí… mentí… ya… ya no puedo mas, acaso… acaso quieres matarme
—creí que te gustaría explorar, nunca pensé que tendrías tan mala condición física
—Si… como sea… solo… solo líbrame de esta tortura —se miraba hermosa aun con su cara sudorosa, roja y llena de polvo.
—Esta bien, sube a mi espalda —la cargue hasta que regresamos al hotel, las cosas no salieron como las planee, pero fue hermoso estar con ella.
……..
Erick
Al día siguiente cuando desperté, vi a esa chica de cabello n***o durmiendo a mi lado, la observé y pude mirar los moretones en sus caderas y brazos de lo fuerte que la tomé la noche anterior, por un momento sentí algo de culpa, pero luego desapareció, si las mujeres podían lastimarme, yo también lo haría. Me paré de la cama y comencé a vestirme
—Erick, buenos días —dijo queriéndome abrazar, yo me giré rápidamente y le dije
—Escúchame bien Elisa, que hallamos cogido anoche no significa que me importes o que algo cambiará entre nosotros, cuando tu quieras podemos venir a disfrutar, pero solo eso y nada más
—Erick… yo… yo… siempre te he amado
—pues lo lamento mucho, por que yo a ti nunca te amaré, solo eres una copia absurda de ella
—por favor Erick, dame una oportunidad, te prometo que yo no te haré lo que te hizo la estúpida de Roberta —escucharla mencionar su nombre me hizo enfurecer y tomándola del cuello la estrellé contra la pared
—¿Quién te dijo?
—Erick por favor… me lastimas —decía agitando sus pies
—¿Cómo supiste? —le grité
—Lessa… ella me dijo
—estúpida Lessa. Dime ¿Quién mas lo sabe?
—nadie… nadie… lo juro —exclamó mientras tosía, la solté y ella cayó abruptamente al suelo
—Escúchame bien, si alguien se llegará a enterar de lo que sucedió con Roberta o lo que sucedió aquí contigo, lo pagaras muy caro —le dije de cuclillas ante ella mientras apretaba sus mejillas
—no lo diré a nadie… lo juro —dijo mientras unas lágrimas caían de sus ojos, solté bruscamente su rostro y salí de ahí