Al pasar los días, un documento llegó a mi puerta, la señora Charlotte había cumplido con su amenaza, el documento del divorcio estaba ahí, ya no era más la esposa de Alexander ante la ley, pero, en mi corazón lo seguía siendo y gracias a la amistad que tenía con las enfermeras lo podía seguir viendo, aunque fuera a escondidas. Me sentía devastada por todo lo sucedido, pero, no tenía tiempo de derrumbarme, me obligaba día con día a levantarme y seguir con mi vida, rogando que Alexander despertará y peleando por no perder la empresa, que ahora que no tenía relación con los Morel, sería mi único sustento, mi abuelo no estaba muy contento con la idea de que yo dirigiera la empresa, pero no tenía otra opción, así que decidió apoyarme. —buenos días sobrina — exclamó Henrry con su sonrisa mole

