Alexander ―sí, es verdad ―respondió, pero sus ojos decían otra cosa, pude notar como se tiñeron cristalinos, su mirada era diferente… me veía diferente de como siempre lo hacia ―Emma, sal de la habitación por favor, necesito hablar con mi esposa ―que… no acabas de escuchar lo que dijo, ella no quiere cuidar de ti, no quiere estar contigo Alexander ―eso es un asunto que tenemos que arreglar nosotros, se que eres una gran amiga y te preocupas por mi ―le dije tomando su mano ―pero hay cosas en las que no puedes involucrarte ―Alexander, pero yo… ―por favor Emma ―exclamé y muy molesta salió de ahí, Roberta permanecía con la cabeza agachada sin decir ni una sola palabra ―ven… siéntate a mi lado ―le dije ―no… no debiste hacer eso, ella es quien debería estar aquí y no yo ―ven por favor ―e

