capitulo 9

2570 Palabras
El mencionado entierra su mirada hacía el suelo, luego se disculpa con su jefe por haberle fallado. Por su parte el hijo mayor de Ernesto Malo ríe al escuchar la falsa de su madrasta y de su amante, claro está. Ernesto Malo se dirige a sus prisioneros. ―Y ustedes van a regresar donde su jefe…pero dentro de una bolsa negra de basura y hechos pedacitos. Por venirme a j***r mi fiesta―Ernesto Malo mira a “papá pitufo” y a el “pato”. Aquello pasa de ser una gran fiesta, a un carnaval de armas. Las hay de todas las formas, calibres, marcas y potencia. Y todas aquellas armas sólo apuntaban a dos personas. Uno es alias “papá pitufo” y el otro era alias el “pato”. —¡Ahora resulta que todos tiene armas!—dice Ernesto Malo y empieza a mirar a muchos de los invitados, después se vuelve a dirigir a sus prisioneros. Primero le da una bofetada a alias “pato”. Mira a “papá pitufo”—. Acércame esa silla—le pide a uno de los invitados. El hombre hace lo que le piden. Una vez que está la silla cerca, le dice a “papá pitufo”—. Subete ahí—y señala la silla. El hombre del “tuto” mira extrañado al capo de capos—. Lo que pasa es que ya me duele mucho la espalda. Encima de esa silla puedo abofetearte mejor— a lo que “papá pitufo se opone—. ¿O quieres que te abofetee con un balazo?—al pobre no le queda de otra, que subirse en la silla. Una vez que está arriba, Ernesto Malo le pega, tan fuerte, que lo baja de la silla. Todos ríen―.Tengo ganas de contratarlos por lo valientes que fueron al meterse en la boca del lobo. ―¡Dónde firmamos! ¡Patrón!―lo interrumpe “papá pitufo”. Su cómplice, el “pato” lo mira con mala cara. ―¡No te atrevas a volverme a interrumpir, enano del demonio! Te he dicho que no soy tu patrón―y vuelve a bofetear al hombrecito―.Y no te sigo pegando porque me duele la espalda, y no puedo agacharme tanto. Solo servirías para mirar debajo del sofá para ver si la chacha hizo bien el aseo. Todos vuelven a reír. ⸺¡Yo he matado a muchos hombres!⸺responde el enano un poco enfadado. ⸺¿Cómo? ¿A risas? ⸺vuelve a bromear Ernesto Malo. Y los invitados vuelven a reír. ⸺ ¿Quién mató al mexicano? ¡Yo verdad! ¡Ha, ya no ríen!—y mira a muchos de los invitados. ⸺¡Yo te mato maldito enano!⸺lo interrumpe el “guanche”. Pero Ernesto Malo lo vuelve a detener. ⸺ ¡Señor mexicano, yo le hecho un favor! Usted ahora puede ser el nuevo jefe de Sinaloa—alias “guanche” queda muy pensativo—. Y señor Ernesto… yo salvé la vida de su mujer⸺Ernesto frunce el ceño, está extrañado por las palabras de “papá pitufo”⸺.Si no llega hacer por el veneno, el muertito la hubiera violado. No ve que ya le había quitado el arma a su guarda espalda—y sonríe el hombrecito. Ernesto Malo se gira hacía el mexicano y sonriente le dice:⸺ ¡Este enano tiene razón! ¡Ahora tú eres el nuevo jefe! —Ernesto Malo abraza al “guanche”—. ¡Socio! El “guanche” se da cuenta de que, lo que dice Ernesto Malo y “papá pitufo”, es verdad, y por eso sonríe maliciosamente. ⸺¡Choca esos cinco, socio!⸺le dice el nuevo jefe del cartel de México a Ernesto Malo. Los narcotraficantes chocan sus manos, mientras del sitio se apoderó el murmullo de los comentarios. Tanya aprovecha y deja de grabar. ⸺¡Cállense!⸺grita Ernesto Malo y de inmediato se dirige a los hombres del “tuto”⸺.Ustedes lo que tienen de valientes, lo tienen de brutos, y yo se los haré entender de la peor manera posible. Haré que me supliquen que los mate. Soy dueño de sus vidas, ustedes me pertenecen, con tan sólo un chasquido de mis dedos, ustedes dejan de existir. ⸺¡Cómo Tanos Jefe!⸺interrumpe alias “papá pitufo” al duro del Cartel de Medellín. Todos están extrañados con estas palabras. Entonces el pequeño hombrecito aclara lo dicho⸺. ¡Sí, el malo de los Vengadores! Que con un chasquido de sus dedos… hace desaparecer la mitad de la población mundial de la tierra. ―Yo mismo voy a matar a este maldito enano y su cómplice—dice el nuevo jefe del cartel de Sinaloa—. Me importa un bledo el favor que me haya hecho. Antonio era mi jefe y compadre, y no sé aquí… pero en México un cuate es un cuate―y se para frente a los hombres del “tuto”. En su mano derecha porta una pistola nueve milímetros y le apunta a “papá pitufo en la frente. ―¡Un momento! A estos idiotas los voy a matar yo― grita Ernesto Malo, y se interpone entre el “guanche” y “papá pitufo”. Esta oportunidad la aprovecha “papá pitufo” y se mete detrás de su compinche. ―¡Levánteme “pato!―dice “papá pitufo” y levanta sus brazos para que su cómplice haga exactamente lo que le pide. Lo malo es que “pato” se extraña mucho. ― ¿Qué? Estamos a punto de morir y a usted solo se le ocurre eso. ― ¡Carajo! ¡Qué me tome con sus brazos y me levante, cómo a un niño pequeño! ―¿Qué?, ¿quieres recibir el primer plomazo? ―¡Levánteme, por su madre! ¡Para que todos me vean! ¡Yo sé lo que hago! Alias “pato” hace lo que “papá pitufo le pide, y éste, una vez en lo alto de su compañero, saca y muestra la bomba. ―¡Esto es una bomba!—pero nadie mira siquiera a “papá pitufo”. Entonces su compañero es quien grita esta vez— ¡¡¡Miren todos… presten atención a mi compañero!!!—todos los hay presente, miran a “pato” y luego al portador de la bomba. —¡Gracias “patito!—de inmediato se dirige a los demás— ¡Esto es una bomba!—los invitados dan dos pasos hacia atrás, y de inmediato se escuchan los mormullos de los mismos. Todos se han puesto un tanto nerviosos, incluido el gran capo—. ¡Si alguno de ustedes atenta o hace el intento de atentar contra nuestras vidas, la hago estallar! ¡Y nos morimos todos…! ¡Entendido! ¡Todos! ¡Yo y mi amigo…! —¡Mi amigo y yo!—lo interrumpe Ana María. —¡Gracias señora!—agradece la corrección “papa pitufo”— ¡Dejen que mi amigo y yo—y el pequeño mira a Ana María. Ella sonríe—. ¡Nos vayamos de aquí! Todos miran al capo de capos para ver su respuesta. Alias “pato” cansado de sostener en los aires a su amigo, decide hacer un esfuerzo y colocárselo en los hombros ⸺. ¡Si salimos con vida de aquí…mañana mismo se pone a dieta enano, que usted si pesa! —¡Lárguense de mi casa!—responde Ernesto Malo y se coloca la mano que sostiene su pistola en su hombro—. Les doy diez minutos para que desaparezcan. Luego los cazaremos cómo a animales. Me importa la bomba. Una bazuca tiene el alcance de hasta mil metros—Ernesto ríe perversamente mientras sus enemigos tragan seco. “Pato” sabe que no debe perder un segundo más, por la amenaza de Ernesto Malo. Es por eso que dice:―¡Ya oyeron al enano, si alguien intenta seguirnos, hace estallar este lugar! ¡Háganse a un lado!―y se gira para todo los lados para que todos vean a “papá pitufo” y su mortal juguete―. ¿Oye enano? no vayas a activar esa vaina para nada―le dice a su compañero en voz baja. ―Deme la orden jefe y le bajo a ese enano de ahí―le dice uno de sus hombres al “malo”. ―¡Estás loco! ¿Quieres que muramos todos?―responde Ernesto Malo―. ¡Déjenlos pasar! A unos cien metros de ahí, Sneyder se encuentra un poco tranquilo. El lugar donde lo ha llevado Yeris, es muy hermoso y relajante. Bajo el crespúsculo de un enorme árbol estaban los dos, y una luna llena los observa. ―Perdona a mi padre, es un poco celoso conmigo. ― ¿Un poco?—el hombre frunce el entrecejo—. ¡Con todo respeto! ¡Tu padre es un celo pata, un psicópata!―y le da la espalda a la fémina. Ella entristece y se apena un poco. Entonces cambia el curso de la conversación. ⸺Siempre me ha gustado este árbol… cuando murió mi madre, aquí vine a llora y hablar con ella. ⸺Sí, es muy hermosa la vista. ¡Lo siento por lo de tu mamá! ⸺¡Gracias! ¡Qué raro!―interrumpe Yeris y por un rato hace silencio. ―¿Qué cosa?―pregunta Sneyder y mira a la chica. ―No escucho la música. Todo está en silencio. ―Es verdad. Me parece que ya la fiesta acabó y yo me voy para mi casa. ⸺Las fiestas de mi padre duran días. Por eso te digo que es muy raro. ¿Me acompáñame a ver qué pasa?―y mira a Sneyder directo a los ojos. Justo en ese momento una nube gris rompe en dos la silueta de la enorme luna llena. A lo lejos se escucha cantar a un gallo, tal parece que la cantinela viene de una finca vecina. Sneyder no sabe si acompañar a la joven o marcharse para su casa. No quiere volverse a arriesgarse de nuevo. ⸺¿Me acompañas hasta la entrada? Quiero irme a mi casa. Aun no se me pasa el nerviosismo. Cuando tu papá me agarró por el cuello, vi pasar mi vida resumida en unos segundos. ⸺¡Lo siento!⸺dice ella e intenta acercársele. Él retrocede un poco, quiere evitar esa situación, más que todo por si alias “malo” está cerca⸺. No te preocupes…solo yo conozco este lugar. ¡No quiero que te vayas! ¡Quédate un rato más conmigo! —y lo mira fijamente a los ojos. ⸺¡¿Qué?! Lo siento Yeris, pero yo no me quedo un segundo más aquí. Esto está lleno de puro traqueto⸺ella se avergüenza un poco y él lo nota. Por eso quiere cambiar el curso de la conversación, pero antes de que diga algo, se escucha que alguien se acerca. Los dos miran extrañados. Es Tanya⸺. ¿Quién es esa?⸺pregunta deslumbrado Sneyder por la hermosura de la mujer. ⸺¡Es mi prima!—dice Yeris y sonríe. ⸺¡Hola prima! Sabía que te encontraría aquí⸺entonces ve a Sneyder⸺. ¡Perdona, pensé que estabas sola! ⸺No te preocupes prima…Él es Sneyder⸺y Yeris mira al chico⸺. Sneyder…ella es Tanya—vuelve hacer lo propio. Sneyder estira su mano sin dejar de estar asombrado por la belleza de Tanya. Durante unos segundos sostiene la mano de la hermosa mujer. ⸺¡Ustedes son una familia de hermosas mujeres!⸺las féminas sonríen. Los tres se quedan conversando un poco. ⸺¿Por qué no escucho la música?—pregunta Yris a su prima. ⸺Si te contara prima…la que se montó allá. Imagínate que unos hombres del “tuto” pudieron colarse en la fiesta… ⸺¿Qué?⸺la interrumpe inquieta Yeris. ⸺¡Sí, mija! Uno de ellos portaba una bomba… —¡¿Qué?!—es la reacción de Sneyder quien vuelve a ponerse nervioso con tan solo escuchar la palabra bomba— ¡Me voy, en definitivas, me voy! Resignada, Yeris acepta acompañar a su idilio hasta la entrada de la finca junto a su prima, donde se despide de él. Sneyder se sube a su carro y lo pone en marcha. Va muy atento mirando por el retrovisor, teme que Ernesto Malo le envíe sus matones. Luego de casi una hora de estar rodando por una de las tantas carreteras de Antioquía, Sneyder se encuentra en el centro de Medellín, pero en vez de irse a su casa, se va directo a una discoteca a disfrutar de aquella noche. Esto para él es un bálsamo para olvidar la pesadilla que unos minutos antes, había vivido.     De vuelta a los predios de Ernesto Malo, se encuentran alias “papá pitufo” y alias “pato”, intentando por todos los medios, alejarse de aquel lugar, sin sufrir ningún daño. ⸺¡Corre enano, corre!⸺grita alias “pato” sin parar de correr. Pero el pobre “papá pitufo” por ser paticorto, se enreda con la maleza y cae al suelo, y empieza rodar. —¡Tenga cuidado carajo! ¡No sea que vaya a explotar esa mierda!—le recrimina “pato” mientras lo ayuda a levantarse. —¡Mejor llévela usted hermano!—y “papá pitufo” estira su mano donde lleva el artefacto explosivo. —¡Y una mierda! Usted fue el que se le olvidó colocarla, pues usted la lleva. —No decías eso cuando nos salvó la vida… —Deje el sentimentalismo y más bien siga corriendo. Que aún estamos dentro de la finca del “malo”. Nuevamente empezaron a correr, pero alias “pato” veía que su amigo no avanzaba nada, y que ya se estaba acabando el plazo que les había dado Ernesto Malo. Lo toma como un niño chico, se lo sube en los hombros y sigue corriendo. —No salte tanto, que parece que me licuara todas las tripas—protesta “papá pitufo”. —¡A no pues, ahora delicado el niño! ¿Si quiere lo dejo aquí, para que los hombres del “malo” le peguen su bazucazo?—responde “pato” sin dejar de correr. —¿No creo que sea tan malo? —Pues siga jodiendo y lo comprobará. ¡Pequeño, pero pesa lo suyo el niño! Cuando ya “pato” no puede más, decide descansar. Sabe que se ha alejado bastante de la propiedad de Ernesto Malo. “Pato” coloca su trasero sobre una enorme piedra, mientras su compañero se tira boca arriba sobre la tupida grama. ⸺¡Gracias “pato” por no dejarme!⸺y casi sin poder respirar mira a su compañero directo a los ojos. ⸺¡Gracias a ti enano! Si no es por ti, estaríamos dentro de una fosa común y hechos pedacitos. No te doy un abrazo porque estoy sin fuerzas—y jadea de cansancio. Pero el enano como puede se vuelve a poner de pies y le da un gran abrazó a su compañero, acción que es correspondida por su cómplice.
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