C8

2736 Palabras
La puerta con su debido número de habitación se encontraba frente a mí y no me atrevía a abrirla. Las manos me sudaban y sentía aquel latido incesante en mi ojo; el conocido 'tic nervioso'. Me acerqué a ella casi sin pensarlo o sabía que me arrepentiría, y la golpeé con mis nudillos. Margo fue quien se apareció tras abrirla y divisé a Cailan dentro. Él se encontraba sentado al lado de Donovan y lucía un poco más animado. Lo oía reír por lo bajo y mover la pieza de su juego como si su competitividad usual hubiera regresado. Donovan era la persona más competitiva del mundo; ni a sus hijos les permitía ganarles. Sonreí complacida de ver aquello. Poco a poco, parecía como si las cosas regresaban a la normalidad. El rubio acarició la espalda de Jules y ella le dio una cálida sonrisa pero forzosa. Me preguntaba si alguna vez las cosas volverían a ser como antes, pero sin vernos envueltos en tantas mentiras. > me recriminó mi subconsciente. Él alzó su rostro, dándome una sonrisa de lado, y dirigí mi mirada hacia la pequeña de la familia. —¿Les ha gustado la comida que les has traído? —le pregunté. Ella asintió y se acercó a Vaughan, cogiendo su brazo y tirando de él. —Vámonos —le ordenó —. Val necesita algo de tiempo a solas con mis padres. Agradecía su gesto. Estar apartada de él estaba entre mis planes y esperaba que me fuera posible cumplirlo. Él se puso de pie y entrecerró sus ojos. —¿A cambio de qué? Rodé mis ojos. No era demasiado lo que estaba pidiendo... —No gozas del privilegio como para pedirme algo a cambio —Margo se puso firme —. Te recuerdo que la promesa que le juraste a Broc aún... —Vaughan cubrió su boca con la mano y la fulminó con la mirada. Por mucho que quisiera seguir intentando ocultarlo, sabía a la perfección sobre qué hablaban. —Camina, Rowell —exigió él. Ella se dirigió hacia la puerta y desapareció tras atravesarla. Cailan se acercó con cuidado hacia mí y bajé mi mirada. Me negaba a encontrarme con sus penetrantes ojos celestes y no tenía otra opción más que evitarlo. Ansiaba que regresara el día en el que su mirada no tuviera ningún tipo de efecto sobre mí, pero ese día no era hoy. Ahora mismo, aquella sólo me hacía querer llevarlo a la cama y follar. —Puedo quedarme, si quieres... —susurró y negué. —No hay necesidad. Tampoco había necesidad de que hablara demasiado. Creía que esas simples palabras serían suficiente como para que no insistiera y se marchara pero, como siempre que se trataba de él, estaba equivocada. Llevó su mano a mi mentón y me obligó a observarlo. —Val... —él sabía que ocultaba algo. Volver a verlos era como volver a caer en la adicción. ¿Cómo demonios saldría de aquí? No lo sabía, y estaba segura que él tampoco me lo haría muy fácil. Él examinó mis ojos como si aquellos pudieran otorgarle algún tipo de respuesta y bajó su mirada hacia mis labios. No había promesa rota ni su personalidad del demonio que me hiciera querer apartarme. Mierda. Ahora sí estaba jodida... —¿Vienes o vienes? —oí la voz de Margo a mis espaldas y él rubio aclaró su garganta, asintiendo — Ya te estás tardando. —Eres un dolor en el trasero, Margo —gruñó él con un tono de broma en su voz —. Te veo luego —me susurró y se marchó de la habitación. Una vez más, ella había sido mi salvación. Llené mis pulmones de aire y me digné a observarlos a ambos. Donovan se encontraba acomodando las piezas del juego con su mirada puesta en mí y Jules volvía a dejar caer su cabeza sobre el cojín. —¿Cómo has estado? —Se me cortó el aire al oír la voz de él. Alargó su mano hacia mí y me acerqué a su cama con cuidado. Que no me odiaran no quería decir que no me quisieran asesinar. Ya podía verme siendo estrangulada bajo sus manos... Tomé asiento en la punta, algo apartada de él. —Lo siento —fue lo único que logré decir con un nudo en mi garganta. Las ganas de llorar estaban más que presentes, pero no me permitiría hacerlo frente a ellos. Me parecía un acto egoísta teniendo en cuenta lo que habían tenido que pasar por lo que había hecho su hijo; salvarme. —Nosotros sentimos lo de tu padre —habló Jules por primera vez con un tono constante e indescifrable; sonaba como un robot. —Val. —Me volteé a verlo. A pesar de notar su vista cansada, estaba haciendo el intento por darme una sonrisa. Palmeó el asiento a su lado y me acerqué un poco más a él. Llevó su mano a mi espalda y comenzó a sobarla como un acto de dulzura y protección. —Sabemos que no somos los únicos sufriendo por Broc —habló él. Me tragué las lágrimas e intenté pensar en otra cosa para que la angustia no me consumiera. Donovan cogió mi mano y la apretó con fuerza —, Llorar es bueno, Valdine —añadió —. Nunca te sentirás bien por completo, pero es aliviador. Lo sería cuando recuperara a su hijo con vida. —Lo siento —volví a repetir. Sentía que no me alcanzaría la vida para disculparme por las consecuencias de la decisión de Broc. Detestaba que él me hubiese querido tanto, lo suficiente como para saber que que lo mataran era una clara opción. —Detente —me ordenó Jules y se acomodó suavemente en su cama para tomar asiento. Su vista clavada en el suelo ahora se dirigía hacia mí y limpiaba el rastro de lágrimas que habían caído sobre sus mejillas con su mano —. Tú no le has obligado a hacerlo. No es tu culpa, Val, deja de disculparte. Ella se acercó a mí y tomó asiento a mi lado. Aún no me confiaba de cuán cuerdos estaban y estar entre ambos no me brindaba demasiada confianza... —Ya nos oirá cuando regrese. j***r. No podía prometerles que lo traería de vuelta cuando ni siquiera sabía si lo haría... —Estoy haciendo todo lo que se encuentra en mi poder para recuperarlo —les informé con un hilo de voz. Jules cogió mi rostro entre sus manos y me obligó a observarla. Su mirada denotaba abatimiento y las ojeras bajo sus ojos eran más que notorias. Podía ver las delgadas venas en ellas y las arrugas que comenzaban a formarse. —Él ha tomado una decisión por sí mismo, pero tú no tienes que arriesgar tu vida por nadie —me dijo. Sabía a la perfección que ambos estaban rogando que alguien les regresara a su hijo y yo era la indicada para ello, pero no me lo pedirían. De hecho, no tenían que hacerlo, pero yo sí me encontraba en deuda con su hijo. De no ser por él, yo no estaría hoy aquí. Cogí sus manos y las acerqué a mi pecho. —No pueden sentirlo —comencé a decir —, pero estoy completamente rota por dentro. Mi voz amenazaba con quebrarse. —Mitch, mi padre, Broc y quién sabe quién más... Vengaré sus muertes, sus amenazas y sus torturas. Jules me acercó más a su cuerpo —, Valdine, la venganza no te llevará a ningún lado —habló por lo bajo y sonreí. Mi madre solía decir lo mismo pero, por primera vez, me atrevería a decir que estaban equivocadas. —La venganza es lo único que me motiva a destruir a quien tanto daño nos ha hecho y a recuperar a mi mejor amigo —expliqué, sin dar lugar a que cambiaran mi forma de ver las cosas —. Ahora mismo, eso es exactamente lo que necesito, es lo único que me permitirá asesinar a Irene y acabar con esto de una vez por todas. Sin emitir palabra alguna, Jules me acercó a ella y me rodeó con sus brazos. Me aferré a su cuerpo y las lágrimas comenzaron a brotar sin importar cuánto intentara contenerlas. —Lamento que hayas tenido que atravesarlo todo sola —musitó mientras acariciaba mi cabeza —. Has sido muy fuerte. Tu padre estaría muy orgulloso de ti, cielo. Me permití llorar en su hombro y una sensación de alivio comenzaba a invadirme. Los padres de Broc habían sido los más cercanos a los míos y percibía sus palabras como si me lo dijeran ellos. Así como el tiempo sanaba algunas heridas, también lo hacían las palabras. —No te guardamos rencor en lo absoluto, Valdine —oí decir a Donovan a mis espaldas —. Broc era consciente de la decisión que estaba tomando. Todo este tiempo, había necesitado que ellos no me odiaran por lo que él había hecho. Había permitido que la culpa me devorara viva cuando lo que mi amigo había hecho no dependía de mí. Yo no lo había hecho, él lo había hecho por mí para protegerme. Tras deshidratarme en aquel mar de lágrimas, limpié mis mejillas con el dorso de mi mano y me aparté de Jules. —Nosotros jamás podremos regresar a KEK —comentó Donovan. Ya veía por qué... — Allí, Broc es considerado un traidor y el único asesino de Rufus, y nosotros somos considerados sus cómplices por habernos dado a la fuga —explicó. Asentí. —¿Ustedes sabían que él también trabajaba para JBG? —les pregunté. —No —respondió, aún algo impactado —. Lo descubrimos en su carta de despedida. Que maldito. Él se las había ingeniado para que nadie supiera absolutamente nada. —Pero... ¿Cómo es que ya conocían a Cailan y Gus? —pregunté. —Ambos nos fueron presentados como unos simples amigos de Broc —dijo Donovan —. Ahora comprendo por qué casi no pasaba tiempo en la casa; si no se encontraba en KEK, se encontraba aquí. Me preguntaba cuánto había sabido de las atrocidades cometidas por Irene al trabajar para ella y ser su mano derecha. Claro estaba que a mí no me informaría nada si su objetivo era eliminarme de la faz de la tierra. —Supongo que la vida de todos nosotros ahora se encuentra aquí... —supuso Jules y sonreí. —Es la mejor opción que tenemos. Ambos imitaron mi gesto. Traería a aquel gilipollas a como diera lugar. No me rendiría hasta no darle un golpe en su atractivo rostro y verlo abrazado a su familia. Me puse de pie y Jules cogió mi brazo. Sus ojos avellana se encontraban sobre mí al voltearme y aclaró su garganta. —¿Cómo te encuentras respecto a Jayce? —No sabía si había descubierto nuestra ruptura o se refería a otra cosa —. Han estado distanciados por un largo tiempo... Reí por lo bajo. Definitivamente, él me había hecho un gran favor que no sabía que necesitaba. —Cincuenta y tres días sin él se han sentido muy bien —revelé y sonrió —. Pueden buscarme si necesitan cualquier cosa. Sabía que aún no estaban preparados como su hija para salir al "mundo exterior" -dentro de la central, porque ellos tampoco podrían salir de aquí-, y yo haría lo que estuviera en mi poder para hacerlos sentir a gusto. —Descuida, Val. Estaremos bien —me dijo y asentí. Me encaminé hacia la puerta y me marché de allí. Aquel sentimiento de culpa que me había estado acompañando desde que había descubierto lo de Broc se había consumido. Mi objetivo ahora estaba puesto en salvarlo y no desistiría hasta lograrlo. Percibía aquella bola en mi estómago disminuir un poco su tamaño y sólo me quedaba solucionar el otro problema en el que me había enfocado, porque de aquellos tenía de sobra. Silas se me apareció a poco de llegar a mi habitación y detuvo mi paso al interponerse en mi camino. Sabía exactamente a qué iba su aparición y yo quería evitarlo a toda costa porque mi plan ya no era el mismo; más bien, todo lo contrario. Pasé a su lado, pero cogió mi muñeca entre su mano y me volteé hacia él. —Creí que estarías entusiasmada —supuso y bufé. Si no hubiese permitido que mis sentimientos interfirieran, ahora mismo estaría derrochando felicidad porque las cosas parecían estar mejorando un poco. —No te habrás enamorado, ¿verdad? —preguntó. Justo en el blanco. No sabía si ya podía considerarse etapa de enamoramiento, pero sí había hecho cosas por él que no hubiese hecho por nadie más, y eso ya era suficiente demostración para mí. Mi silencio le otorgó su respuesta y se frotó su nuca con algo de incomodidad. —j***r, Val... —musitó. Lo sé. La había cagado increíblemente bien y por eso ahora decidía mantenerme apartada. ¿Qué otra opción tenía si no quería acabar gravemente herida? —¿Por qué querías continuar con el plan? —quise saber. Él aclaró su garganta y negó, aún encontrándome bajo su agarre. Silas se estaba comportando de una forma un tanto extraña y yo no estaba de ánimos para continuar con lo relacionado al plan. —Ya no importa, supongo que ya bastante mal te debe tener el sentir cosas por... Lo interrumpí y atiné a salirme de su agarre pero me lo prohibió. —¡No lo nombres! —lo regañé y comencé a tirar de mi brazo, arrastrándolo a él conmigo —Silas, suéltame —insistí con mi mirada seria sobre él. Mi amigo negó —¡Silas! —grité y continué arrastrándolo hasta coger el pomo de la puerta de mi habitación. —No, Val, no la abras... —gruñó por lo bajo. Sin embargo, ya era muy tarde. No comenzaría a hacerme preguntas cuya respuesta no sabía pero sí quería saber. Al abrir la puerta, su mirada penetrante se posó sobre mí y la sangre se me congeló. ¿Qué demonios hacía aquí y qué había sucedido con Margo? Silas volvió a jalar de mi brazo, impactándome contra su pecho. Sin importar sobre el pecho de quién me encontrara, yo sólo tenía ojos para el cretino que se encontraba frente a mí. —Nunca me escuchas... —me susurró al oído y Vaughan ahora lo estaba aniquilando con la mirada. ¿Cómo era que mi amigo sabía que Cailan se encontraba en mi habitación? ¿Acaso lo habría visto adentrarse o lo había ayudado, tal vez? De repente, el ambiente se había vuelto tenso e incómodo. ¡Maldición! Yo sólo quería echarme sobre mi cama e intentar solucionar el otro problema que estaba teniendo, que casualmente ahora se encontraba a un metro de mí. —Margo ha quedado al cuidado de Gus —habló el rubio primero, percibiendo el tinte de rabia en su voz con facilidad. Tragué grueso. —¿Por qué? —me atreví a preguntar. Mi voz se oyó poco y nada a causa de la sorpresa al haberlo encontrado aquí. Su mirada se endureció y bufó. —Para así poder jugar a las muñecas contigo, Valdine —espetó de forma irónica y se encaminó hacia nosotros, furioso. ¿Por qué se ponía así? Yo no le había dicho que tendríamos sexo, en primer lugar... —Diviértanse —gruñó pasándose a nuestro lado y, como por reflejo, cogí su brazo entre mis dedos. Silas cogió el mío y me volteé a verlo. Su mirada me insistía que no lo hiciera, que era un grave error, pero ¿cómo podía dejarlo ir así? Puede que pensara que tenía algo con mi amigo fuera la mejor opción para mantenerlo apartado de mí. Observé a Cailan con sus ojos celestes clavados sobre mí, que no hacían más que estremecerme, y solté su brazo. La desilusión se hizo presente en su mirada para regresar a la rabia y se marchó sin más. Silas también me permitió salir de su agarre y suspiré. Demonios... Esto sería más difícil de lo que había pensado. —Esto es más entretenido que una telenovela —habló él y le lancé una mirada de advertencia. En ellas, todo era ficción. Sin embargo, lo que yo sentía por Vaughan era muy real
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR