Llegaron a la hacienda en completo silencio, Luz y Rebeca no pronunciaron palabras, Arielle no pidió, ordenó que guardaran silencio. —No hace falta recordarles que a nadie ni una sola palabra de lo que sé, este no es asunto de ustedes. —dijo de forma arrogante y caminó en dirección de la sala. Luz la miró alejarse y era una completa extraña, su indiferencia les dolía tanto, porque ella era la única persona que conocían y confiaban ahí fuera. —Me duele su actitud, no creí que se formara todo este mal entendido. —se lamentó Rebeca. —No deja que le aclaremos nada, ¿Y si le decimos a Gabriell? —sugirió Luz. Y Rebeca se giró de una para mirarla. —Ni se te ocurra abrir la boca, ni con Sharif, y mucho menos con Gabrielle, no sabemos hasta que punto están los problemas entre ellos. —Per

