Aún estaba oscuro cuando desperté, pero no dejé que eso me detuviera para levantarme y marcharme. No quería perder otro momento de mi vida aquí, especialmente cuando Daniel estaba dormido, acurrucado con Mora. La odiaba tanto por todo lo que me había hecho. Abrí la puerta y la cerré silenciosamente detrás de mí. —¿Isla? —Una voz me llamó. Mora. ¡Oh, genial! Se había despertado y ahora me estaba siguiendo. ¿No había escapatoria de esta chica? —¿Qué quieres? —Le dije bruscamente, y ella lució sorprendida, pero no sé por qué, ya que nunca habíamos sido capaces de llevarnos bien antes. —Hablar —respondió. —Sólo déjame en paz —gruñí, corriendo hacia el bosque; quería alejarme de ella. Necesitaba pensar con claridad. —Isla, por favor —La escuché de nuevo. Venía tras de mí y, en su estad

