CAPÍTULO VEINTIDÓS Diablito llegó adolorido y magullado a casa esa noche. Tan pronto como pasó por la puerta, el abuelo comenzó a hacer preguntas. “¿Dónde está? ¿Dónde está la chica?”. “No pude agarrarla”, dijo Diablito en voz baja. “¿Cómo así, que no pudiste agarrarla?”. Diablito no respondió. Caminó directamente a través de la casa hacia la puerta de atrás. “¡Te hice una pregunta, maldita sea!”. Sin una palabra, Diablito salió de la puerta de atrás hasta el patio. Entonces se apresuró hacia el camino en el bosque en el extremo lejano del patio. “¿Qué harás ahora?”, preguntó el abuelo. Diablito siguió guardando silencio. La verdad era que no tenía idea de lo que iba a hacer. Estaba furioso por estropear el s*******o en la carretera rural. Necesitaba desahogar su ira de alguna for

