CAPÍTULO SEIS “Una muy buena actuación”, pensó Riley. La voz de Larry Mullins estaba temblando un poco. Mientras terminaba su declaración preparada para la junta de libertad condicional y para las familias de sus víctimas, sonaba como si estuviera a punto de llorar. “He tenido quince años para mirar atrás”, dijo Mullins. “Todos los días estoy lleno de pesar. No puedo volver atrás y cambiar lo que pasó. Yo no puedo traer a Nathan Betts y a Ian Harter a la vida. Pero me quedan años para hacer una contribución significativa a la sociedad. Por favor denme la oportunidad de hacerlo”. Mullins se sentó. Su abogado le entregó un pañuelo y él limpió sus ojos, aunque Riley no vio lágrimas reales. El consejero y administrador de casos deliberaron en susurros. También lo hicieron los miembros de

