La vida puede traer tantas sorpresas. Dolorosas. Buenas. Malas. Frías y otras simplemente te destrozan. Esmeralda no sabía que decir o hacer, sentía miedo, un miedo agobiante. Un miedo que no la dejaba tranquila. ¿Podría dejar de sentirlo? Ella no sabía que responder. Observó a través de su ventana con tristeza y dolor, era duro saber que durante años viviste alejada de tus verdaderos padres y que en tu niñez imaginabas sus rostros. Que soñabas con conocerlos en tus sueños, pero ellos solo eran un invento. Porque ellos esperaban por ti. En tierras tristes y melancólicas. La reina felina había sido muy atenta y cariñosa con ella, desde abrazos, besos y dulces palabras, pero entendía el dolor de su hija. ¿Qué seguía ahora? Aunque los días lucieran tranquilos el odio se mantenía ocu

