Martina. — ¿Tienes un tatuaje? Yo pensé que le temías a las agujas — pregunta Leonardo pareciera estar demasiado sorprendido por el hecho que yo tenga un tatuaje en mí espalda y es entendible ya que yo a pesar de tener 14 años lloraba como niña pequeña cuando tenía que ir a colocarme una simple inyección— ¿que significa?— toca con suavidad mí espalda en la parte donde se encuentra mi tatuaje haciendo que todo los vellos de mí cuerpo se pongan de puntas, no reconozco a mí propio cuerpo el que empieza a calentarse por tan solo una simple caricia es que su tacto es tan suave que cuándo quita sus manos hace que algo en mí pida por la sensación de querer más y mí mente reclamé por más. —Le sigo teniendo miedo a las agujas — respondo remojando mis labios mientras me alejo un poco más de él ya

