Si ella respira, yo respiro después. Por eso, cuando Amara me lanza esa mirada muda en la sala, mis huesos reaccionan antes que la mente. Espalda recta, pulso sereno, amenaza bajo control. Protegerla no es una elección. Es la única arista de mi identidad que no admite grieta. Lo demás, rencores, deseos, culpa, son secundarios. Ella fue la que mató a Glen. Si ella corre peligro, yo debo salvarla. Ruairidh Randall aún no lo sabe, pero acaba de pisar la línea que Thierry me grabó a fuego. Y yo no olvido mis deudas. Rolan alza la barbilla. —Tu amenaza queda registrada. Tendrás una respuesta antes de caer la tercera luna. —No traten de engañarme con un fiambre ajeno. Conozco cada cicatriz del cuerpo de esa mujer como si yo mismo las hubiera infligido —dice y se ríe burlón. Ruairidh pal

