Capítulo 7.

1455 Palabras

El día arranca con olor a pan recién horneado. Aunque la paz del aroma se rompe en cuanto veo a tres niños esperando, rígidos como si fueran reclutas. La princesa los ha colocado en fila. Firmes. Con las manos detrás de la espalda y la barbilla alta. Ella está justo detrás, los brazos cruzados sobre el pecho, la expresión intacta. Inaccesible. —Cuando quiera, capitán —dice. Me acerco despacio. Broen y Colum observan desde los laterales. No digo nada. Tampoco necesito hacerlo. El mayor de los tres —Fergus— es el primero en hablar. Se planta delante de una tabla y recita en voz clara las cifras de entrada y salida del almacén. Ha hecho las cuentas de los barriles de sal, del grano, del carbón. Con lógica, con orden, sin temblor. Su letra es tosca, aunque se entiende. Y eso, para un chico

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